jueves, 22 de septiembre de 2011

Brosio, el pintor de los mineros. Palencia

Minero, hijo de minero, hermano de mineros, Ambrosio Ortega entró a los 16 años en el pozo Calero de Barruelo, otra forma de cárcel. Después, por motivos políticos, pasó casi veinticuatro años en diferentes prisiones. Además de ostentar el título de ser el español que más tiempo ha pasado en la cárcel por motivos políticos, entre rejas desarrolló un nuevo oficio. Aprendió la pintura de forma autodidacta y en esa época creó unas acuarelas que recrean el duro mundo de las celdas. Esas acuarelas, que se encuentran en la exposición inaugurada ayer en el Centro Cultural Provincial, en un rincón apartado tras una cortina de plástico, hablan por sí solas.

Pero su maestría con los pinceles no quedó ahí, ya que su experiencia como minero en Barruelo le dejó una huella imborrable, que se transmite de forma brutal en las figuras oscuras y fantasmagóricas que pueblan sus cuadros. Las escenas de este duro trabajo ocupan la primera parte de la exposición 'Brosio, el pintor de los mineros', organizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, con la colaboración de la Diputación Provincial de Palencia y de Caja España-Duero.

La muestra se compone fundamentalmente de acuarelas y de óleos (52 cuadros en total, en su mayoría cedidos para la exposición por instituciones y particulares), trabajos en los que el legendario retratista de las cárceles y de las minas también refleja escenas del campo. Pero también se han recopilado 94 bocetos que pertenecen al autor y cuya contemplación junto a las obras definitivas ofrecen al visitante una experiencia que no es común en otras exposiciones.

La muestra llega a Palencia tras haber estado expuesta con éxito en el Museo de la Minería y de la Siderurgia de Castilla y León, ubicado en Sabero (León), cuyo director, Roberto Fernández, insistió ayer en que se trata de una exposición «no solo de pintura, sino también sobre su vida, una vida unida a la suciedad de la mina y a la oscuridad de la cárcel».

La exposición reencuentra a este genial dibujante con su tierra, con Palencia, en parte gracias a la sugerencia del coordinador provincial de Izquierda Unida, Mariano San Martín, quien propuso la idea de traer la exposición al presidente de la Diputación, José María Hernández, quien alabó la obra de Brosio «uno de los nuestros», al mismo tiempo que restó importancia a la diferencia de ideas políticas, «porque en estos momentos, todos tenemos que mirar al frente por el bien de nuestro país».

Por su parte, el director general de Políticas Culturales de la Junta, José Ramón Alonso, resaltó que con esta muestra, Brosio, «una persona que ha sufrido mucho, vuelve a su casa, vuelve a su tierra».

En nombre del autor, habló su hija Rosana, quien disculpó la ausencia de Ambrosio Ortega, que a sus 86 años se encuentra en reposo en su casa de Herrera de Pisuerga tras sufrir un accidente doméstico. Muy agradecida por el apoyo de las instituciones hacia la obra de su padre, Rosana Ortega subrayó que esta exposición permite recuperar una obra «amenazada de perderse en el olvido».

Porque Brosio huyó de la mina, también salió de la cárcel y ha conseguido luchar contra el olvido con esta muestra, como también recalcó Gonzalo Blanco Nozal, coordinador de la exposición, además de amigo del pintor.

Ambrosio Ortega llegó a exponer en Nueva York, cuando triunfaba en España tras salir de prisión, lo que detuvo una grave encefalopatía que le obligó a aprender de nuevo a escribir y a pintar.
“Era casi un niño, trabajaba en la mina, y después de la guerra mi hermano fue de los que se tiró al monte, un maquis. A mí me hubiera gustado ir con él, siempre me quedó la pena de no haberlo hecho, pero no me quiso llevar porque, como he dicho, apenas era un niño”.
Pero se convirtió en un enlace, mantenía contacto con los del monte e, incluso, se atrevía a pedir dinero en la plaza de su pueblo para ellos. Así se encontró con dos penas de muerte que “por la presión internacional me fueron conmutadas por la pena máxima que aprobaron: veinte años. Pero yo había participado en un intento de fuga cuando llevaba tres años allí y decidieron que aquel tiempo no contara y estuve 23 años en total, salí en 1970. Entré siendo un niño y salí con lo mejor de mi vida entre rejas”.
En la cárcel comenzó a pintar de manera autodidacta. “Le mandaron a un compañero unos pinceles y otro material de pintura para que se entretuviera y a él no pareció hacerle mucha gracia, me los dio a mí y me dijo: mira a ver si tu le sacas algo a esto”. Claro que le sacó. Pintó y pintó. Se le acabaron los pinceles y se hacía unos caseros con lo que tenía a mano, pero nunca dejó de pintar. “La cárcel y la mina eran mis temas preferido, eran dos mundos parecidos, sólo la libertad —que es mucho— los diferencia”. Claro que la libertad es mucho, como que él cuando salió de la cárcel pintaba para financiar su Partido Comunista de Palencia, en el que siempre había estado. Y para vivir, pues a Brosio nadie le ha reconocido nada, nadie le paga... Sigue siendo un indomable que hoy llega con su arte, con sus pinturas de la mina, a su casa, el Museo de la Minería.
El poeta palentino Julián Alonso escribe de Ambrosio: Cuando Brosio presentaba en aquel mayo de 1975 su exposición en Barcelona, ya había mostrado sus obras por otros lugares. El mismo artículo de Cambio 16 y reseñas en Triunfo, Informaciones, Ya, Pueblo o La Gaceta del Norte, dan fe de ello situando exposiciones en Madrid, Gijón y Oviedo y es con este bagaje impresionante de vida y obra como aparece en Palencia y, si la memoria no me falla, a finales de noviembre de 1976 o 1977 lleva a cabo su primera exposición en la ya desaparecida sala “Medicis” que se situaba frente al Instituto Viejo, muy cerca de la ya histórica e imprescindible librería Alfar.

Fuente: El Norte de Castilla y Paperblog

Texto: J. Olano y Monpalentina

Imagenes: Victor Herrero, Monpalentina y Karmen Blazquez

Enviado: Raúl Ruiperez

Composición: Picapiedra

 
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