jueves, 12 de enero de 2012

Editorial: Crowdfunding a la española

El incremento de usuarios de nuevas tecnologías en los últimos años, así como la disponibilidad de acceso a la información a través de la red, ha hecho crecer exponencialmente el número de iniciativas destinadas a la recaudación económica.

Estos avances han permitido a organizaciones, empresas y particulares, dotarse de nuevos medios de acercamiento al ciudadano, sin costosas campañas de marketing promocional, abandonando la puerta fría, la publicidad en periódicos y medios tradicionales, el envío de cartas y cualquier otro medio que supusiera un gasto innecesario.

Hoy en día, puede cualquier ciudadano donar su dinero a través de la red, sea para salvar a las focas, plantar un bosque, apadrinar un niño, luchar contra las nucleares, y un larguísimo etcétera de causas nobles, que han encontrado en la red la plataforma ideal para darse a conocer, y para financiar sus actividades. Colaboraciones monetarias ciudadanas que aún siguen llamándose donativos. Sin embargo, y fruto de estas nuevas técnicas de marketing y publicidad, ha llegado hasta nosotros una nueva forma de donación, por supuesto nacida en la meca del capitalismo, los Estados Unidos de América, el crowdfunding, también llamado financiación en masa o financiación colectiva, literalmente traducido al castellano: financiando a la corona. Resulta curioso que de un país sin monarquía provenga un término monárquico, y que de un país capitalista provenga un concepto como “colectivo”. Da lo mismo, el caso es que funcione, y cumpla su objetivo, recaudar. Eso si, ya no se trata de un donativo, recibir donativos se ha convertido en algo vulgar, ahora se dice recibir colaboración económica voluntaria, que es mucho más cool, y que no coloca a quien lo solicita (ya no se pide) al nivel de un vagabundo a la puerta de un supermercado, algo que no es nada chic.

Con la excusa de la crisis actual, son muchos los que han visto en este tipo de marketing la solución a sus problemas, una manera rápida de conseguir aquello que desean, y por lo que no desean luchar a la antigua, es decir, con sacrificio y esfuerzo, trabajando. Así ha llegado a nuestro país esta técnica recaudatoria, y nosotros, como buenos españoles, la hemos adaptado a nuestra idiosincrasia nacional, y cuales lazarillos de Tormes, pillastres con raigambre, hemos aprovechado la letra pequeña para conseguir más de lo que solicitábamos, con lo cual hemos eliminado una letra del concepto, si, del crowdfunding, hemos creado su alter ego, el crowfunding, literalmente en castellano, financiando a los cuervos.

Recientemente, y ¡oh casualidad¡ acercándose las fechas navideñas, se ha lanzado una iniciativa de este tipo en la mineralogía española, destinada a financiar a un laboratorio español, un laboratorio público, financiado por el estado, que somos todos, un laboratorio que ha sufrido los recortes a que esta crisis nos ha sometido a todos, y cuya economía, como la nuestra, renquea. En este laboratorio público, en el que trabajan científicos que cobran sueldos públicos, como no podía ser de otra manera, se han estado realizando análisis petrográficos y mineralógicos, análisis de muestras obtenidas por el público, quien ha invertido su dinero y tiempo privado, en investigación, documentación, transporte, obtención, difusión e ilustración de dichas muestras, muestras que han llegado al laboratorio para su identificación. Es entonces cuando un científico de este laboratorio, decide difundir el trabajo que realiza a través de una revista virtual de nueva creación, para ello se relaciona con un circulo de entidades y organizaciones que lo ayuden en la edición de su revista. Estos entes, renqueantes ahora como todos, se limitan a la mera presencia testimonial y al consejo barato, con lo cual nuestro intrépido científico se queda solo ante el peligro, ya no puede realizar tantos y tan numerosos analisis, ni dedicar tanto tiempo a su querida publicación, tentado está de tirar la toalla una y otra vez, y mientras la tira y la recoge, clama al cielo por la falta de compromiso solidario con su humanitaria y desinteresada labor.

Llegado el momento, algunos caballeros, armados de vistosas armaduras, recogen su toalla, y lo instan a continuar, lo atan a un mástil en una torre, y lo enarbolan cual reclamo y cebo. Han llegado los cuervos. La necesidad de material para el laboratorio, con el que continuar tan trascendental labor sin interrupciones, se ve aumentada con otras necesidades, la letra pequeña, letra que como todos sabemos, pocos leemos. Y así, la solicitud de reactivos y medios técnicos, se convierte en la excusa de gastos de edición y difusión de una publicación….virtual, en los gastos de viaje para la obtención de muestras, y en otra serie de gastos por determinar, lo que se viene llamando, gastos varios.

Cuando se lanza la campaña, se espera una respuesta masiva, pues de eso se trata, de financiación en masa, hasta que ven que no es así, que los ciudadanos no responden como ellos creían, entonces explican el para qué de esta financiación, de otra manera, ahondando en las necesidades reales del laboratorio exclusivamente, obviando los mencionados y anteriores gastos, meneando al moribundo y al mastil.

Resulta curiosa, por no tildarla de indecente, la manera de solicitar este dinero:

“El esfuerzo y participación de una única persona remarca la indignidad del silencio de los indiferentes, los egoístas y los cobardes”

Como slogan, flojito, como petición, desastrosa, como demanda, patética. Todo aquel que no colabore es un indiferente, egoísta y cobarde, y uno que ya es muy viejo y ha matado muchos cuervos, se levanta como un resorte y grita “!Presente¡”

Le ha llegado el turno al público, a ese público que pagamos ese laboratorio y los sueldos de ese funcionario, que pagamos nuestra afición a la mineralogía, pagando por documentarnos, pagando por viajar a los yacimientos, pagando por enviar las muestras, pagando, siempre pagando, como para que ahora un engreído, pedante y absolutista funcionario, cuando ya no queremos pagar más, nos miente a nuestros ancestros y a nuestra dignidad, mientras los cuervos graznan a su alrededor, refocilandose en su martirio y en nuestra estúpida credulidad.

Hoy se congratulan de haber conseguido cuatro cosucas para el laboratorio, gracias a quienes acudieron al llamamiento, y mientras los cuervos graznan contentos por un ínfimo triunfo económico, el científico clama porque el 99, 52% de los que le oyeron no le han ayudado, y aún cree que lo hizo bien, y que esa inmensa mayoría, que somos todos los mineralogistas de este país estamos equivocados. Como científico, quizás debiera plantearse si el equivocado ha sido él.

Si algo me ha enseñado esta vida y esta afición, es la importancia de la humildad, del valor de un por favor, y de que sin trabajo y esfuerzo no se consigue nada. Aquellos que hicieron posible que los trabajos mineralógicos de esa revista, fueran tales, y que han permanecido en la sombra del anonimato, esas personas que obtuvieron las muestras, las que las contextualizaron, las que las fotografiaron, y las que las difundieron, ocuparon un digno puesto de peones, sin aspavientos, sin pasar facturas, sin clamar al cielo, quizás el científico debió adoptar un postura similar, y aceptar que él mismo, no era más que un peón más, y no un diosecillo engreído. Fruto de la humildad, de la transparencia, y acompañado de palomas, y no de cuervos, habría conseguido mucho más que lo logrado, ha pagado un altísimo precio por la miseria que ha conseguido, ha arrastrado su nombre, su profesión, y su honor, por el lodo.

Indocti discant, et ament meminisse periti.

Texto: Picapiedra

Imagenes: Clarín, Dragan Todorovic-

 
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