martes, 27 de diciembre de 2011

Los laberintos de piedra. Menorca. Islas Baleares.

El arte de escuchar la piedra ha creado en Menorca espacios laberínticos. Los canteros, atentos al sonido que emitía la roca, fueron labrando a golpe de escoda senderos sinuosos. Y al tiempo que los materiales sustraídos de la tierra iban levantando los edificios de la Isla, su ausencia formaba otra arquitectura en negativo. Las cavidades y túneles excavados en las antiguas canteras de marés son obras de arte que nunca pretendieron serlo y el vacío resultante ha sido el artífice de recintos mágicos con geometrías sorprendentes en los que la intervención del hombre se solapa con la de la naturaleza.

Los trencadors (mineros que trabajaban manualmente en las canteras) realizaban una selección del material guiándose por los sonidos agudos del marés en contacto con la herramienta, ya que esta frecuencia era indicio de mayor calidad –práctica conocida como 'escoltar sa pedra'– posteriormente, según su percepción, señalaban cada pieza con una simbología propia –la de sonido acampanado era la mejor–. "Actualmente, la técnica de propagación de ultrasonidos confirma el saber empírico y las intuiciones de los maestros menorquines", explica el ingeniero Industrial José Vilafranca, autor de la tesis Intervenciones sobre el patrimonio. Rehabilitación de edificios construidos en piedra de marès en la isla de Menorca. "La piedra viva tiene una velocidad de propagación alta y, en general, valores altos de velocidad sónica indican buena calidad de materiales. Por el contrario, una piedra fácilmente meteorizable tiene velocidades mucho menores".

"En la zona antigua, como el trabajo era manual, el cantero excavaba siguiendo las vetas de buena calidad"

Tradicionalmente, el marès –roca blanda constituida por areniscas bioclásticas, de naturaleza calcárea– ha sido el principal material de construcción en la Isla. Se cree que su nombre hace referencia a su origen marino, ya que se trata de una roca compuesta principalmente por granos de arena de origen biológico procedentes del mar, cohesionados por un cemento natural de carbonatos. Debido a la mezcla de distintos elementos muestra diferencias muy marcadas, tanto en dureza como a en aspecto, pero presenta una característica común, la de ser un material de fácil manipulación.

En Menorca el hombre y el marès son viejos conocidos, las primeras relaciones se remontan a la época de la cultura Talaiótica, en las que esta roca se empleó para la construcción navetas y taulas, y se ha mantenido sin fisuras prácticamente hasta la actualidad, configurando el urbanismo de la Isla, desde los edificios civiles, religiosos o militares a los recintos de uso ganadero.

Piedra sobre piedra, el marés ha ido creando un rico patrimonio arquitectónico y, al mismo tiempo, su extracción ha dejado otro legado, no menos importante, que todavía hoy podemos contemplar en numerosas canteras abiertas en la Isla, así como en los oficios tradicionales vinculados a esta actividad.

De la unión de ambos surge un nuevo concepto, el denominado geomonumental, que va desde el conocimiento de los materiales geológicos a su relación con las construcciones o a su conservación.

El declive de las canteras comenzó cuando el marés empezó a ser sustituido por el hormigón armado

Y un ejemplo de esta novedosa forma de abordar el patrimonio es la pedrera de s´Hostal, una cantera de marés a cielo abierto próxima a Ciutadella, y que tras su clausura en el año 1994, comenzó a ser recuperada por la asociación Líthica. «Descubrí este lugar cuando todavía era estudiante de arquitectura, recuerda Laetitia Lara, fundadora y directora de Líthica, eran los años 80 y por aquel entonces ya había algunos espacios que comenzaban a rellenarse de escombros. Mi proyecto de final de carrera fue precisamente sobre las pedreres de s´Hostal, y en él analizaba la calidad de este recinto y su recuperación. Cuando regresé, una década después, el proceso de degradación se había acelerado y en el 95 fundé la Asociación Líthica para la rehabilitación y protección de las canteras de marés de Menorca".

A partir de estas fechas se comenzó a aplicar un proyecto integral de recuperación orientado a potenciar las canteras como paisajes de piedra, espacios laberínticos y jardines, escapándose del triste final de terminar como vertedero incontrolado.

El paisaje de s'Hostal es singular y muy interesante como muestra del patrimonio minero-industrial de Menorca. Sus paredes son un libro abierto y en sus marcas se pueden leer 250 años de evolución en las técnicas de explotación del marés, desde la extracción manual a la mecanizada. "Cada una de ellas fue creando diferentes tipos de espacios", explica Lluisa Seguí, secretaria de Líthica. "En la zona antigua, como el trabajo era manual, el cantero excavaba siguiendo las vetas de buena calidad. Esta parte es laberíntica y sinuosa, con formas orgánicas. Por el contrario, en la zona moderna las máquinas crearon inmensos espacios cúbicos, con más de cuarenta metros de profundidad".

Las sierras circulares no escuchaban la piedra, la sacaban indiscriminadamente, la selección se realizaba en una fase posterior. El perfeccionamiento de la técnica mecánica producido a mediados del siglo pasado, cuando se incorporó una vagoneta que se desplazaba sobre raíles, cambió radicalmente la morfología del espacio. Para el avance de la máquina se necesitaban grandes superficies, por lo que las canteras ganaron en amplitud y profundidad y, también, en nuevas marcas, ya que en las rocas cortadas verticalmente quedaron grabadas las profundas incisiones producidas por el choque de la sierra contra la pared.

Pero s’Hostal tiene además otra peculiaridad y es la del encuentro y solapamiento de las dos técnicas. En la zona, conocida como la Brecha, convergen una antigua cantera de extracción manual y la del Anfiteatro, de extracción mecánica. Esta singular conexión de lo nuevo y lo viejo tiene su punto más emblemático en la monumental escultura del Tótem, símbolo de Líthica, y a su alrededor se ordena el espacio de las canteras. Una de las caras de esta figura está marcado por el disco de la sierras, mientras que la otra ha sido grabada a golpes de escoda.

El declive de las canteras comenzó cuando el marés empezó a ser sustituido por el hormigón armado y otros nuevos materiales de construcción, y en los años 90 la mayoría ya estaban cerradas. Su abandono condenó a gran parte al olvido y en el peor de los casos a vertederos incontrolados de todo tipo de residuos. Actualmente, el patrimonio minero está adquiriendo un enorme interés, debido a su potencial uso turístico, y Líthica es un excelente modelo no sólo de recuperación, sino de nuevos usos de este tipo de espacio.

Actualmente s’Hostal, además de ser un museo al aire libre en el que se puede admirar un rico patrimonio industrial y etnológico es, en sí mismo, un espacio artístico que ha sido recuperado para múltiples actividades de todo tipo, desde las culturales –se celebran conciertos por sus excelentes condiciones acústicas– a las medio ambientales –se plantan huertos y se crean jardines aprovechando su particular microclima–. "Muchas de las intervenciones que se han realizado, comenta Seguí, son herederas de la tradición del cantero agricultor que sembraba sus huertos en el fondo de los espacios excavados aprovechando la humedad concentrada".

¿Quién dijo que los enormes recintos vacíos de las canteras no son interesantes? Quizá la clave para que cobren vida de nuevo esté en recuperar el antiguo arte de los canteros: 'escoltar sa pedra'.

Fuente: Baleopolis

Texto: Elena Soto

Imagenes: Lluis Bertrand, Disfruta Menorca, Lurditas.

Enviado: Felix Seguí. Menorca

Composición: Picapiedra


 
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