lunes, 6 de agosto de 2012

El poblado minero de Aldea Moret, un BIC en ruinas. Caceres.

El poblado minero logró hace quince meses la máxima protección al ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC). De este modo, el 20 de mayo de 2011 entró en la élite de los 270 monumentos extremeños con requisitos muy especiales de conservación: no puede realizarse una sola reforma sin el visto bueno administrativo, y cualquier daño acarrea elevadas multas que van de 60.000 euros hasta 1,2 millones. Para hacerse una idea, la Ciudad Monumental o Maltravieso tienen la misma protección. Por ello sorprende que el viejo poblado siga como antes, en decadencia a marchas forzadas. El vandalismo y el expolio están acabando con edificios enteros y amenazan con borrar los que perviven, la mayoría en ruinas. Es más, los vecinos aún pagan el alumbrado público y carecen de servicios de limpieza, poda o incluso alcantarillado.

Poco queda del esplendor de aquellas 119 construcciones y 12 pozos que llegó a tener el entramado de la mina de fosfatos desde 1860: galerías, factorías, almacenes, grandes viviendas ajardinadas, oficinas, el malacate... Basta con dar un paseo por el poblado para comprobar que los edificios se vienen abajo, la maleza lo inunda todo y hay más graffitis que puertas o ventanas, la gran mayoría robadas, al igual que los elementos de hierro o madera (viejas instalaciones, cables, artesonados, vigas...). Las aceras rotas, los árboles descuidados y las calles de tierra son solo atisbos del que fue el primer pueblo extremeño con planeamiento urbanístico en el siglo XIX. Además, ha empeorado en el último año.

Existe incluso un peligro evidente, porque los tejados de las casas se caen literalmente y los suelos están cubiertos con montones de escombros y basuras. Los vecinos de la barriada no entienden aún para qué ha servido el título de BIC: la falta de protección y conservación es la misma, solo que cada vez queda menos que proteger o conservar. Comprenden que la crisis impida poner en marcha la rehabilitación de la zona, un objetivo que fue precisamente el que motivó que se iniciara el largo camino hasta obtener el título de BIC. También comprenden que acaban de realizarse desembolsos millonarios en las grandes naves mineras del entorno --Embarcadero y Garaje 2.0--. Pero echan de menos medidas que como poco frenen el ocaso del poblado, ahora incluido entre las 16 joyas patrimoniales de Cáceres.

Las carencias van más allá. Este viejo poblado no dispone de servicios públicos. Antes parecía lógico al pertenecer a Río Tinto, pero desde hace unos años es propiedad de la Junta de Extremadura (70%) y Placonsa (30%) en proindiviso. Además tiene el rango de BIC, un título que otorga automáticamente la consideración de dominio público. Pese a ello, las doce familias de la zona, ligadas antaño a la mina, todavía pagan del orden de 1.600 euros mensuales por el alumbrado de las calles, con luz industrial, según explica Francisco Luis López-Naharro, presidente de la asociación vecinal. Las líneas están muy viejas, hay cables pelados y los vecinos no encuentran siquiera bombillas de 125 voltios porque ellos mismos se encargan del mantenimiento.

Tampoco acude ningún barrendero ni hay bacheo, de modo que las familias se encargan de mantener las calles más o menos firmes y limpias. "Han pasado camiones de obra que han destrozado las antiguas atarjeas de ladrillos, y las hemos reparado nosotros", explica el presidente. Y es que el alcantarillado no pertenece a la red pública, ni los árboles reciben los cuidados necesarios. "Los hemos podado esta primavera porque se nos venían las líneas de luz abajo. Algunos son peligrosos y uno ha hecho un agujero en una cochera", relata.

En cambio, el desbroce sí ha llegado este año al poblado. El viejo parque minero también se ha recuperado, aunque no tiene nada que ver con el original. "Las máquinas enterraron las especies autóctonas y yo trato de conservar una amplia colección en mi jardín como recuerdo de aquella frondosidad", indica López-Naharro.

Asimismo, lo vecinos velan por la seguridad de las viejas casas evitando que sean ocupadas, "porque además se cae el tejado encima". En definitiva, son conscientes de que los tiempos actuales no están para solicitar nada a las administraciones, "pero al menos deberían tener el poblado limpio, en condiciones, con las parcelas valladas y las casas viejas tapiadas", señalan.

Y todo para evitar que desaparezcan más vestigios de la vieja mina, que ya no es ni la sombra de lo que fue. Solo tres de las 119 construcciones se han rehabilitado: almacén de superfosfatos (Garaje 2.0), Embarcadero y pozo La Abundancia (Centro de Interpretación de la Mina). Muchas otras han desaparecido en los últimos 30 años sin dejar rastro pese a sus grandes dimensiones: la fábrica de ácidos, la nave de madera que servía de almacén de abonos, el puente del Embarcadero, el botiquín, los pozos Demasía o San Eugenio, los estanques de lixiviación, las instalaciones de electrólisis, el chapero, las oficinas, las escuelas, el cine-comedor, el gran almacén general, la carpintería, la plomería o el refugio. Las estructuras que sobreviven están en ruinas: la piscina, el laboratorio, los hornos, la casa del administrador, la Fosa o el acceso a algunos pozos.

Precisamente, y para evitar la desaparición de todos los restos de la arqueología minera, el Ministerio de Cultura se comprometió en enero de 2008 con el Ayuntamiento de Cáceres a incluir al poblado en su plan especial de recuperación de áreas industriales y financiar su rehabilitación, pero exigió que antes fuera declarado como BIC. El proceso se dilató y la apertura del expediente no se produjo hasta febrero de 2010. Quince meses después, en mayo de 2011, llegó el reconocimiento, avalado por informes y estudios de técnicos de la Junta y de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.

Hace un año, el ayuntamiento anunció que recordaría al Ministerio de Cultura su compromiso, comenzando por la redacción de un plan director que aclare qué se debe recuperar, cómo y en cuántas fases, además de rehabilitar el edificio de La Fosa, el único de los grandes centros mineros en ruinas tras la reforma del Embarcadero, el Garaje 2.0 y el pozo Abundancia. A día de hoy todo sigue igual, incluso peor, a la espera de que tantos trámites y documentos tengan por fin un eco real en el poblado.

Fuente: El Periodico de Caceres

Texto: Lola Luceño

Imagenes: Sobre la tierra.com y Patrimonio Industrial Arquitectónico

Enviado: Fernando Robledo. Extremadura.

 
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