miércoles, 22 de octubre de 2008

La muerte del sotobosque. Camargo. Cantabria


Hubo un día, en el cual el sotobosque de Camargo era un ecosistema natural, una gran extensión verde que servía de alimento y refugio a centenares de organismos animales. Su floresta de avellanos, robles, castaños, laureles, hayas y saúcos, no se veía turbada más que por el graznar de los corvidos y el ulular de las lechuzas. Las estaciones pasaban una tras otra cambiando el bosque de color y sabor, de mil y un texturas, de fríos y calores. Todo comenzó a cambiar cuando llegó un nuevo organismo al sotobosque, el hombre, el cual taló grandes áreas para proceder a su cultivo, otras para destinarlas a pastizales que contentaran sus rebaños, y otras para construirse su morada. Tras este primer encuentro, la floresta se retiró a las zonas más agrestes y menos fértiles, la diversidad de los animales que acogía se redujo, cómo subsistir los mismos en mucho menos terreno, no había sustento ni espacio para todos. Poco a poco, los grandes depredadores se fueron aislando, el número de presas disminuyó y los refugios se fueron llenando de cabras, ovejas y vacas, todas apacentadas por el hombre, quien además, se deleitaba en cazar a los moradores del sotobosque.
Cuando las maquinas hicieron su aparición todo tembló ante el rugir de sus motores, zonas agrestes fueron excavadas y la piedra arrancada de las entrañas de la tierra, grandes explotaciones de piedra caliza, el tesoro subterráneo que el hombre había descubierto, arrasaron con la mayor parte de las zonas vírgenes que habían quedado, se abrieron caminos y carreteras, se vallaron prados y senderos, los árboles dejaban caer su semilla sobre terrenos cada vez mas infértiles y ariscos. Había llegado la agonía del sotobosque, día tras día desaparecían, uno tras otro, todos los órganos que lo sustentaban, por todas partes yacían raíces desnudas y troncos tumbados, la torcaz ya no anidaba, ni el zorro acechaba entre las zarzamoras, el malvís ya no cantaba, nada era ya lo mismo, las heridas de la tierra desangraban el ecosistema.
Tras esta tragedia, zonas aisladas entre si del sotobosque pretendieron hacerse fuertes, lo peor ha pasado ya, pensaron, sobreviviremos a pesar de todo. De este error las sacó el hombre una vez más. Había que construir una variante de la gran carretera, una variante de otra variante, que variabilizaría los trayectos de sus maquinas, será por aquí, decidió un hombre bajo las ramas de los castaños, seguirá por allí, señaló sin ver a los avellanos, girará allí, y ese allí sentenció al robledal, necesitará salidas aquí, adiós viejos saúcos, entradas allá, hasta siempre laureles y hayas, y terminará acullá, nos despedimos ya de ti sotobosque.
Herido y rematado, el sotobosque de Camargo ya no existe, es una simple sombra de aquel magnifico ecosistema que fué. Hoy sus ramas ya no apuntan más que al suelo, sus frutos no maduran y sus raíces ya no se hunden en la tierra de sus antepasados. Sus hojas son del color de la carga en los camiones, y sobrevivir ya no es seguro, es sólo una utopía del progreso. Descansa en paz sotobosque, tu hora, ha terminado.

Texto y fotografías: Picapiedra

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, Pablo

tiempo al tiempo. Tardará más o menos, cualquier desgracia (para los humanos, se entiende)de proporciones variables (guerras, crisis económica, sociales, etc..) harán mermar esa población en determinadas zonas, y la Naturaleza sabrá recuperar lo suyo. Sólo es cuestión de tiempo aunque parezca una peli como el Planeta de los Simios. Otra cosa es que tú o yo lo veamos. Un saludo

Carlos

Picapiedra dijo...

No creo que lo veamos amigo Carlos, así que de momento me limito a relatar lo que si veo. Es triste pero es lo que hay. gracias por tu comentario.
Saludos

Guzmán dijo...

Muy bueno el reportaje Pablo, realmente parece que podemos hacer cualquier cosa rápidamente y con desastrosos resultados. Menudo "progreso"

 
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