martes, 17 de abril de 2012

Una minera centenaria. Bilbao. Vizcaya

Consuelo Cubilledo es una mujer dura, forjada en las minas de Galdames, donde trabajó durante años limpiando mineral de hierro. Este es un material que ha marcado su vida y que también puede definir la salud de esta mujer que ayer cumplió su centenario, cien años que solo quedan reflejados en su DNI, ya que su aspecto y su discurso hacen pensar que tiene unos cuantos años menos.

La realidad dice que nació un 15 de abril de 1912 en Galdames, concretamente en el barrio de Virular en el seno de una familia de tradición minera. “Desde pequeña tuve que trabajar mucho, me iba al campo a cuidar las ovejas solo con un cacho de pan y otro de tocino, con eso tenía para todo el día”, asegura con energía. A Consuelo le ha tocado vivir tiempos muy duros y siempre se ha tenido que adaptar a las condiciones adversas. Abandonó su Galdames natal a 18 años, cuando se casó con su marido José López y se trasladó a la calle Labayru de Bilbao. Allí nacieron sus cuatro hijos: Rosa, Lucía Luxemburgo, Marcel y María Begoña. Consuelo se dedicaba a cuidar a sus pequeños mientras José trabajaba fuera de casa. Esos roles cambiaron radicalmente cuando José fue detenido en 1940 y encarcelado por los franquistas en la prisión de Larrinaga.

El destino llevó a Consuelo a deshacer el camino que emprendió una década antes y volver a Galdames. Allí logró trabajo en las minas. “Era un trabajo durísimo, entraba a las seis de la mañana y salía a las once de la noche. El mineral bajaba por una especie de túnel hasta donde estaba yo y me encargaba de lavarlo”, especifica haciendo gala de una memoria privilegiada. “Todas esas horas que trabajaba me servían para sacar adelante a la familia porque ganaba un buen dinero”, recuerda Consuelo, una de las catorce mujeres que por aquel entonces trabajaban en las minas de Galdames. Afrontó las circunstancias con valentía, pero su único miedo era el camino de vuelta a casa por la noche. En aquel sendero tenía que pasar cerca del cementerio, un lugar que aún a día de hoy aterra a esta mujer de hierro. “Era mi punto débil, hace seis años volví a Galdames a ver el pueblo y pedí por favor que no me hiciesen pasar cerca del cementerio”, rememora Consuelo. Para aplacar sus miedos contó con la ayuda de sus hijos, que subían a acompañarla, y un compañero de trabajo que encendía un candil para que tuviese la referencia. “Me decía que cuando llegase a la plaza,megirase y mirase al candil”, recuerda Consuelo. “Al día siguiente de salir de la cárcel,mi marido fue a la mina y les dijo que yo no iba a volver a trabajar allí”.

Tras su etapa minera, volvió a Bilbao y siguió cuidando de una familia a la que con el paso del tiempo se han sumado ocho nietos, tres biznietos y para el próximo julio espera que un tataranieto. “Me hace muchísima ilusión, los niños me dan muchísima energía”. Un plus de fuerza que esta mujer aprovecha al máximo, ya que tiene cualidades físicas para ello. “No tengoni colesterol, ni la tensión alta... Solo tengo vértigos”, explica con una lucidez que para sí quisieran muchos jóvenes.

Fuente: Diario Deia

Texto: Miguel Angel Pardo

Imagen: O.Martinez

Enviado: Mikel Zugasti. Bilbao

Composición: Picapiedra

 
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