
Hoy dedicaremos el Mineral Digital a la visita que le rendimos este fin de semana a la mina Pepita, en la localidad riojana de Arrúbal. Una explotación muy conocida en el mundillo mineralogista por la calidad de sus cubos de sal, halita, y por los yesos sericolitas y glauberitas que de allí se extraen. Nos pusimos un grupo de cuatro personas rumbo a la mina, la cual se situa entre los pueblos de Arrúbal y Alcanadre, en la llamada, Ladera de las Cascabillas, el hecho de que se encuentre entrambos pueblos ha dado lugar a incorrectos etiquetajes de las piezas, muchos mantienen etiquetas tipo: Halita de Alcanadre, a pesar de no ser esta su etiqueta correcta, un caso más de malas costumbres y peores registros que se ha hecho ley en la mineralogía española.


Llegamos a la mina temprano y de buena mañana, con un dia desapacible y ventoso, bordeamos las lagunas que se situan frente a la bocamina y localizamos el sendero que circula bajo el farallón de yeso, impresionantes los paisajes que ofrece dicho farallón, plagado de buitreras y de estratos salinos.
Tras cambiarnos de ropa y colocarnos los trajes de neopreno, nos dirigimos a la zona inundada de esta mina, donde esperabamos hallar las susodichas halitas, esta zona se situa en linea recta (cuidado con meterse en las galerias laterales, hay pozos ciegos de gran profundidad) por la galería principal, a unos 150 metros nos encontramos con el agua, la galería es baja y tenemos que andar encorvados y agachados, algo que al cabo de las horas nos acarreará diversos dolores de espalda y cuello, hace calor en esta sección, la profundidad del agua asciende hasta practicamente inundar por completo la galería a unos 15 metros por delante de la orilla.






Nos internamos en el agua provistos de palanquetas y mazas, habíamos llevado cajas de porexpan, las cuales flotaban y allí echaríamos las posibles presas.
Estas fueron apareciendo en forma de agrupaciones bajo el agua, pegadas a los laterales de las paredes y en el propio suelo, al principio fuimos sacando cubos individuales, para luego extraer piezas tamaño puño, grupos tamaño palma y por fin placas completas de hasta 50 cm de ancho plagadas de cristales.
El trabajo se hacía dificultoso ya que la zona mas profunda era la que contenía mejores piezas, y practicamente teniamos que sumergirnos en la turbiedad del agua para extraer las piezas a tientas, en más de una ocasión metimos casco y luz dentro del liquido, de ello dan fé los cristalucos de sal que llegaron a formarse en alguna de las linternas.




Todo se desarrolló a las mil maravillas, en combinada labor de equipo, tanto Igor como Samuel iban sacando piezas a a la orilla y depositandolas encima de periodicos para que fueran perdiendo algo de humedad, estas piezas mojadas son superfragiles, mientras yo continuaba inmerso en extraer una tras otra diferentes muestras. Nos turnamos y los tres conseguimos nuestro propósito en poco más de tres horas, habíamos extraido suficientes piezas para nuestra colección y la de un montón de amigos. El cuarto integrante mientras tanto se dedicó a extraer yesos sericolitas de las galerias de la entrada. Conseguimos reunir unas 300 piezas apreciables, otras 100 las devolvimos al agua por tratarse de cubos individuales o maclas pequeñas.



Tras un breve descanso, colocamos las piezas en cajas e hicimos varios viajes hasta la entrada, donde las depositamos y descansamos, el esfuerzo comenzaba a notarse, y la humedad , así como la sal pegada a nuestros cuerpos, nos secamos y nos cambiamos de ropa.
Hicimos un primer viaje hasta los coches, comimos y comentamos la jugada, antes de emprender dos viajes más a por el resto de material. Por fin reunimos todas las piezas para el reparto, e igual que hacen los niños cuando eligen jugadores para el partido de futbol del recreo, fuimos eligiendo nuestras piezas una a una. Cuando terminamos de envolver y cargar los vehiculos, eran las seis de la tarde, y aún estabamos muy lejos de casa, tras despedirnos y emplazarnos para nuevas excursiones, nos pusimos rumbo a casa, donde yo llegué a eso de las 9.30 de la noche.
Las muestras estan todas en la terraza perdiendo la humedad que traían, aprovechando estos dos dias de sol, aún deben de pasar un limpiado de brozas y barro, con alcohol, pero algunas ya dan muestra de una gran calidad y de respetables tamaños.














Mañana publicaré los yesos y el resto de piezas extraidas, por hoy creo que ya es suficiente.
Texto: Picapiedra
Imagenes: Samuel Urtasun y Picapiedra