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viernes, 10 de agosto de 2012

Un estudio vincula el cáncer y las minas de carbón en España.


Un estudio del Centro Nacional de Epidemiología muestra ahora uno de los precios más desconocidos de esta energía: el coste en vidas humanas.

Los científicos, coordinados por Gonzalo López Abente, han analizado la mortalidad por cáncer en pueblos situados a menos de cinco kilómetros de minas —tanto subterráneas como a cielo abierto— de carbón, minerales, piedras ornamentales, arena, arcilla, fertilizantes y otros productos químicos.

Su análisis sugiere que, en estos pueblos mineros, el riesgo de morir por cáncer de colon es un 9,7% superior al del resto de la población, y el de fallecer por un cáncer de pulmón es un 6,6% mayor al de los demás ciudadanos. Estos riesgos están específicamente relacionados con la cercanía a una mina de carbón a cielo abierto, como las presentes en las provincias de León, Palencia, Córdoba, Teruel y Ciudad Real. Los autores piden “mucha cautela” a la hora de interpretar estos riesgos relativos y recuerdan que siempre es más peligroso para un individuo el mero hecho de fumar.

El estudio, publicado en la revista Science of the Total Environment, también alerta de un exceso de riesgo de morir por cáncer de vejiga del 10,6% y del 9,3% por leucemia, en este último caso sobre todo en poblaciones con minería a cielo abierto de minerales, piedras ornamentales, arena, arcilla, productos químicos y fertilizantes, instalaciones frecuentes en el sureste de Madrid, la costa mediterránea de Andalucía, Murcia y Cataluña. El cáncer de vejiga, según los investigadores, podría estar relacionado con las minas de potasa, un fertilizante muy utilizado por los agricultores. En Súria (Barcelona) se encuentra la única mina de potasa en activo en España.

El trabajo ha analizado la mortalidad por municipios a consecuencia de 32 tipos de cáncer entre 1997 y 2006, relacionándola con la presencia de 120 instalaciones mineras. Su principal autor, el epidemiólogo López Abente, es padre de algunos estudios recientes muy relevantes para la salud pública, como el Atlas municipal de mortalidad por cáncer en España y el trabajo que descartó la relación entre cáncer y centrales nucleares. “Hay que tomar con mucha cautela estos datos, porque vemos asociaciones estadísticas, no causales, y hace falta más investigación”, recalca López Abente.

En su estudio, los científicos describen “un mayor riesgo de mortalidad por cáncer” en las poblaciones localizadas en las inmediaciones de las minas. En concreto, asocian las instalaciones subterráneas de carbón con mayor riesgo de cáncer de tiroides, vesícula biliar e hígado; las minas de carbón a cielo abierto, con tumores cerebrales y cáncer de estómago; y los pozos mineros, con el mieloma, un tipo de cáncer de la médula ósea.

Los epidemiólogos recuerdan que la contaminación procedente de las minas está formada por algunas sustancias carcinógenas, como el asbesto, el níquel, el plomo, los hidrocarburos aromáticos policíclicos y los productos de la combustión en los motores diésel.

El equipo de López Abente ha analizado la mortalidad por cáncer en pueblos situados a menos de cinco kilómetros de las instalaciones mineras, pero ha repetido el estudio para una distancia de uno y 15 kilómetros, con el objetivo de minimizar fallos estadísticos. Además, mediante técnicas estadísticas, los científicos han intentado evitar los posibles efectos de las variables socioeconómicas, como el analfabetismo, los menores ingresos económicos y la tasa de desempleo.

Los investigadores han examinado la mortalidad causada por el cáncer en lugar de la incidencia, que es el número de casos ocurridos, acaben o no en muerte. En sus conclusiones, admiten que sería “de gran interés” estudiar la incidencia para confirmar los datos observados en su estudio.

Además, los epidemiólogos consultados advierten de que los estudios de este tipo son “débiles” a la hora de establecer asociaciones causales entre una fuente de contaminación y un mayor riesgo de cáncer, a no ser que la asociación se observe en muchos puntos geográficos. En su trabajo, López Abente y su equipo presentan evidencias similares detectadas en minas de carbón en EEUU y China.

Fuente: El Correo

Texto: Manuel Ausende

Imagenes: Materia, Diario Sur y Jalavaparelaed

Enviado: Txomin Aizpurua. Donostia

Composición: Picapiedra

lunes, 16 de julio de 2012

El amianto sigue matando. Aragón y Guipuzcoa.


Una fibra casi imperceptible, a simple vista inofensiva, que apenas se ve y que tampoco huele es la causante de una dolorosa rutina en las plantas de Zaragoza y Beasain de Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), una empresa dedicada al diseño de componentes para sistemas ferroviarios. Lleva años provocando los minutos de silencio en señal de luto que preceden a cada asamblea de trabajadores o los cuartos de hora de paro a las puertas de la fábrica que siguen a la muerte de un compañero.
Esas fibras de amianto, se han llevado por delante en los últimos años a, al menos, 54 empleados de tres factorías de CAF (33 en Zaragoza, 20 en Beasain y uno en Irún), todos ellos aquejados de enfermedades pulmonares derivadas de la exposición a partículas de amianto azul, un mineral de fácil manejo y transformación muy presente en el pasado en sectores como la construcción, la industria naval o la petroquímica. De todos estos casos hay sentencia en firme, pero los sindicatos señalan que "se produjeron más muertes con anterioridad al inicio de detección de la enfermedad" y porque las denuncias comenzaron a ponerse en los últimos noventa. El último fallecido del que se tiene constancia es un hombre de 62 años que, durante 44, trabajó en la planta zaragozana de CAF, donde estuvo expuesto a las fibras de amianto. Murió a principios de julio.
Desde los sesenta hasta finales de los ochenta, todos ellos habían trabajado en la construcción de los llamados ochomiles, una serie de coches cama que elaboraban para Renfe. Sin apenas protección (usaban guantes, pero no mascarillas) se expusieron durante años a las partículas de amianto, el mineral que se usaba como aislante entre la chapa y el interior de los vagones. "La exposición aquí fue mayor a la de los trabajadores de otros sectores porque se trabajaba en espacios cerrados, el contacto era directo", señala Gari Sancho, presidente del comité de empresa de la factoría aragonesa. Que la persona expuesta desarrolle o no un proceso cancerígeno depende de cómo caigan las partículas en los pulmones. La peor consecuencia es el mesotelioma pleural o cáncer de pleura, provocado exclusivamente por la exposición al amianto. Sin embargo, continúa Sancho, los obreros no fueron los únicos damnificados. La volatilidad de las fibras hacía que se colara en la ropa de trabajo que llevaban a casa, pudiendo provocar daños en sus parejas e hijos.
La voz de alarma la dio el órgano de representación de los trabajadores de la planta de Zaragoza a finales de los ochenta. Entonces, como sí las hay ahora, no había sentencias judiciales, pero sí la inquietud del goteo constante de la muerte de compañeros, todos aquejados de procesos pulmonares graves. "No se investigaba nada, se decía que eran viejos fumadores y punto", asegura Ricardo Badía, responsable de Salud Laboral de la Federación de Industria de CCOO Aragón.
"En 1987, cuando vimos que para el desamiantado de los vagones llegaron unos operarios vestidos como astronautas nos dimos cuenta de que aquello era peligroso de verdad. Y nos metimos de lleno en esta batalla", comenta Gari Sancho. En CAF, cuyos responsables han declinado atender las llamadas de Público.es, se dejó de trabajar con amianto en 1988. España prohibió su extracción y utilización en 2001, pero los sindicatos advierten de que los peores efectos sobre los trabajadores y su entorno están por llegar. De hecho, un estudio de la Comisión Europea señala que hasta 2025 medio millón de personas morirán en la UE a causa del amianto. De ellos, entre 40.000 y 56.000 personas lo harán en España.
Casi siempre con el amparo de los sindicatos, trabajadores afectados por las fibras de este mineral y sus familias comenzaron una batalla paralela a la enfermedad, la de la justicia. "La primera sentencia en firme es de 1997", señala Sancho. Desde entonces, los jueces han reconocido que 53 extrabajadores más de CAF murieron como consecuencia de su exposición al amianto. No obstante, los representantes sindicales alertan de que el número de muertes puede ser mucho mayor porque hay muchos casos de fallecidos que nunca pasaron por los tribunales.
A principios de este mes, el Instituto de la Seguridad Social de Gipuzkoa puso en marcha el proceso para la mejora económica de la pensión de viudedad de la mujer de un trabajador de CAF en Irún que falleció en octubre de 2011 tras reconocer que el mesotelioma (cáncer de pleura) que causó su muerte tuvo su origen en la exposición al amianto. "El comité de CAF en Beasain comenzó a llevar los primeros casos en los ochenta. Ahora hay 20 procesos ganados", asegura Jesús Uzkudun, secretario de Salud Laboral de CCOO Esukadi.
La primera sentencia a favor de un trabajador es de 1997. Eduardo Marzo, de 58 años, sabe bien lo que es enfrentarse a ambos procesos, el del duelo y el de la justicia. Su hermano Pablo murió hace diez años. Se le detectó una rotura de pleura (una membrana que recubre los pulmones) y, a partir de ahí, recuerda, el avance de la enfermedad fue "inexorable". Su hermano falleció con 42 años y, desde los catorce, cuando entró en CAF como aprendiz, había estado expuesto a las fibras de amianto. Un juez dictaminó que había muerto como consecuencia de una enfermedad profesional derivada de la exposición ese mineral sin medidas de seguridad. Y obligó a la empresa a indemnizar a sus hijos, que tenían entonces 10 y 18 años respectivamente, con algo más de180.000 euros y a proporcionarle un recargo en sus prestaciones de Seguridad Social.
Eduardo también trabaja en CAF, es soldador y también estuvo expuesto al amianto durante gran parte de su vida laboral. Ahora, sin embargo, se niega a hacerse las pruebas. "No quiero estar dándole vueltas. Vivir con esto es como si tuvieras siempre una losa encima de la cabeza", señala.
El miedo con el que muchos se enfrentan a una enfermedad que les ha arrebatado a demasiados compañeros de faena, es lo que intentan combatir los sindicatos, que insisten en la importancia de las revisiones médicas. En la actualidad existe un protocolo de vigilancia de la salud para trabajadores afectados por el amianto en el que están inscritas unas 30.000 personas, una cifra que sindicatos y afectados consideran que está muy por debajo de la realidad. Sin embargo, los representantes de los trabajadores se quejan de que la aplicación de este protocolo no es igual en todas las comunidades autónomas.
"La gente que ha visto morir a compañeros no quiere ir al médico", señala Badía, que solicita, asimismo, que se abra una línea de investigación para los afectados por esta enfermedad. "Muchos lo llaman el cáncer del pobre, porque no existirá en 25 años -cuando se considera que acaba el período de latencia desde su prohibición- y porque afecta a los obreros, a la clase trabajadora", lamenta este sindicalista.
Sin embargo, hasta que se cumpla ese tiempo de latencia, los sindicatos advierten de que las patologías derivadas del amianto pueden convertirse en una "auténtica epidemia". "Exigimos que se actualicen los protocolos de prevención y que las empresas que trabajaron con amianto faciliten datos de trabajadores que pudieron estar expuestos. Así aflorarán nuevos casos", asegura Pedro José Linares, el secretario de Salud Laboral de CCOO.
Su homóloga en UGT, Marisa Rufino, apunta a la necesidad de que se cree un fondo de compensación semipúblico que alivie a los enfermos y sus familias del trago de pasar por la vía judicial. "Reivindicamos que sea un tribunal médico el que decida y que en función de esa decisión se proporcione la indemnización", señala. Asimismo, desde UGT solicitan la declaración de enfermedad profesional para los damnificados por un mineral que ya se ha comprobado que puede ser letal.

Fuente: Diario Público
Texto: Elena Herrera. Madrid
Imagenes: Europa Press y Bidasoa al día.
Enviado: Jesús Chichilla. Beasain.
Composición; Picapiedra

lunes, 10 de mayo de 2010

La peligrosidad de los asbestos a analisis.Granada.

Tras un breve parón semanal, el Mineral Digital continua con su ritmo habitual, comenzamos la semana con un tema que se está discutiendo por los foros, ver:
http://www.tuplaneta.es/foros/indexSin.html
Y con la noticia aparecida hoy en los medios de comunicación:
"Investigadores del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT-CSIC-Universidad de Granada) han iniciado un proyecto de excelencia con el que abordarán la problemática derivada de la alteración de afloramientos de rocas que contienen minerales del amianto en la Serranía de Ronda, Sierra Nevada y Sierra de Filabres. El incentivo que la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia ha otorgado para el desarrollo de este proyecto de excelencia ha sido de 221.000 euros.El término asbestos o amianto se emplea para designar un grupo de minerales, silicatos, que tienen en común su morfología fibrosa o acicular. Se presentan en forma de fibras largas y resistentes que se pueden separar y que son lo suficientemente flexibles como para ser entrelazadas y tejidas, además de resistir altas temperaturas.Debido a estas características, los asbestos se han usado en una gran variedad de productos manufacturados, principalmente en materiales de construcción prefabricados en forma de fibrocemento, presente en cubiertas ligeras (uralitas), en suelos (bases y baldosas), tuberías, muros y tabiques (paneles y cerramientos), en maquinaria industrial como productos para reducir la fricción (juntas y tacos, embrague de automóviles, frenos, componentes de la transmisión), en materias textiles termorresistentes, en envases, embalajes, y revestimientos.Estudios epidemiológicos realizados sobre poblaciones y trabajadores expuestos a las fibras de amianto han demostrado que la inhalación de fibras de amianto, especialmente las más pequeñas, puede inducir el desarrollo de diversos tipos de lesiones pulmonares como cáncer de pulmón, mesotelioma o fibrosis pulmonar, siendo calificados como sustancias altamente carcinógenas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).Esta situación ha llevado a los organismos reguladores a nivel tanto nacional como supranacional a prohibir el uso y comercialización de fibras de amianto y materiales derivados, así como a establecer normas de prevención laboral.
En España existe prohibición total de uso y comercialización de amianto desde el 31 de diciembre de 2001; y en Andalucía esta prohibición se recoge además en legislación autonómica, donde se impide la proliferación de nuevos enclaves e instalaciones con amianto.Amianto naturalSin embargo, además del amianto antropogénico es necesario considerar la presencia de amianto natural. Este corresponde a afloramientos de rocas que pueden presentar en su composición mineralógica una elevada proporción de los minerales fibrosos citados. La fábrica de estas rocas se caracteriza por la presencia de fracturación más o menos intensa. Su mineralogía las hace particularmente sensibles a la acción de los agentes erosivos, provocando la excavación de la superficie expuesta y la acumulación de material detrítico en las zonas circundantes.Tales zonas entrañan una fuente potencial de riesgo natural dependiente del grado de exposición (pendiente, fracturación, cobertura vegetal) y de la intensidad de la alteración que sufren. Aquellos afloramientos que han sufrido impacto antropogénico que ha provocado una modificación importante con aumento de la zona expuesta y, por lo tanto, del riesgo de dispersión de material fibroso. Este es el caso de afloramientos atravesados por trincheras de vías públicas, zonas con actividad agrícola o frentes de cantera en las que se ha extraído amianto y no se les ha aplicado una restauración adecuada.En Andalucía, existen numerosos afloramientos de rocas con amianto (Serranía de Ronda, Sierra Nevada, Sierra de Filabres), que podrían constituir potencialmente una fuente de riesgo de amianto natural, si están ubicados cerca de núcleos de población o en zonas de interés paisajístico y ambiental. Por ello, investigadores del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT-CSIC–UGR) han iniciado un proyecto de excelencia con el que abordarán la problemática derivada de la alteración de afloramientos de rocas que contienen minerales del amianto. "Este amianto natural no se puede considerar un contaminante, pero sí un riesgo natural de naturaleza mineralógica que requeriría ser evaluado", asegura el investigador Francisco Javier Huertas.El proyecto de excelencia Procesos de meteorización de silicatos fibrosos (asbestos) naturales aborda dos objetivos complementarios. Por un lado, el grupo del IACT-CSIC-UGR pretende estudiar la influencia de los agentes erosivos sobre riesgo de generación y dispersión de fibras en afloramientos de amianto natural. "Tendremos en cuenta las características del afloramiento (litología, mineralogía, geomorfología, etc.) y las características socio-económicas del enclave, que en definitiva son los parámetros que determinan la toma de decisiones relacionadas con la necesidad de control o de acciones de estabilización del afloramiento o vertedero", subraya.El estudio del proceso de alteración en el laboratorio de minerales del amianto es el segundo objetivo, abarcando tanto condiciones superficiales como biológicas. "Los resultados que se esperan obtener contribuirán a cuantificar la peligrosidad de amiantos de diferente naturaleza a través de la biopersistencia de las fibras en diferentes condiciones de pH y contenido en ligandos orgánicos, consideradas representativas de condiciones superficiales y biológicas", concluye."
Fuente, Texto e Imagen de portada: Teleprensa.es
Imagenes minerales y composición: Picapiedra

P.D: El habitual resumen de la feria de Donosti espero poderoslo ofrecer en dos capitulos, martes y miercoles, el primero como reportaje/resumen de la feria, y el segundo como Tribuna de Opinión.
 
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