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martes, 31 de enero de 2012

La herencia de James Smithson.

El químico y geólogo británico James Smithson nació en París en 1765. Era hijo bastardo de sir Hugh Smithson, primer duque de Northumberland, uno de los grandes mecenas del siglo XVIII. Su madre era la viuda de John Macie, por lo que el joven Smithson se llamó Jacques Louis Macie durante su infancia y juventud. Solo a la muerte de su madre, en 1800, decidió cambiar su apellido por el de su padre biológico y el Jacques francés por el británico James.

En 1782, se matriculó en la Universidad de Oxford para estudiar Química, graduándose cuatro años después. En seguida demostró un especial interés por las ciencias naturales y adquirió una gran reputación como químico analista y mineralogista, a pesar de que en aquella época no existía gran información sobre estos temas.

Trabajó afanosamente para recoger muestras de mineral, tanto en Inglaterra como en otros países europeos, llegando incluso a poner en riesgo su vida como sucedió durante una expedición a las nuevas Hébridas.

Aunque era un hombre rico, trabajó duramente para hacerse un hueco en la ciencia y pronto se ganó el respeto de sus colegas. De hecho, con tan sólo 22 años, fue elegido el más joven miembro de la Royal Society.

Visitó Florencia, París, Sajonia, y los Alpes suizos en busca de cristales y minerales con los que realizar experimentos y descubrir y clasificar sus propiedades elementales. Llegó a reunir millares de ejemplares.

También realizaba minuciosas observaciones sobre el clima, las características físicas y la estructura geológica de las localidades visitadas, así como de las características de sus minerales, de los métodos empleados en la minería o fundición, y en todo tipo de manufacturas. Investigó la ceolita y la alúmina. En 1802 demostró que los carbonatos minerales de zinc eran –efectivamente—auténticos carbonatos, y no óxidos de zinc como se pensaba. Y fue el inventor del término silicato.

Smithson publicó al menos 27 artículos científicos sobre química, geología y mineralogía, con temas tan variados como el análisis de minerales, la identificación de mejoras en el soplete y otros aparatos, la composición química de la lágrima de una dama, la forma cristalina de hielo, y un método mejorado de hacer el café. Conoció a los científicos más destacados de su época como Cuvier, Berzelius, Hutton, Cavendish o Priestley. Influido por la Revolución Francesa, también se dedicó a la reforma social y la educación de las clases bajas.

A su muerte legó su fortuna de 120.000 libras esterlinas, heredada de la familia de su madre, a su sobrino Henry James Hungerford. Pero con una condición. Si el sobrino moría sin descendencia, el legado pasaría a los Estados Unidos para fundar en Washington un Instituto científico que llevara su nombre. Este fue el origen de la famosa Institución Smithsoniana, creada en 1846, que mantiene varios museos y publica revistas científicas. Resulta curioso que Smithson incluyera a EEUU en su testamento cuando nunca llegó a pisar este país.

Murió en Génova el 27 de junio de 1829, tras una larga enfermedad. Fue enterrado en el cementerio inglés de San Benigno. En 1904, sus restos mortales fueron trasladados a Washington por Alexander Graham Bell, entonces Regente de la Institución Smithsonian, y sepultados en el recinto del Instituto.

Sus colecciones científicas, cuadernos, diarios y correspondencia se perdieron en un incendio que destruyó el edificio del Instituto Smithsoniano en 1865. Sólo 213 volúmenes de su biblioteca y algunos escritos personales sobrevivieron.

Un tipo de carbonato de zinc o calamina fue rebautizado con el nombre de Smithsonita en su honor.

Fuente: Radio 5

Texto: Nuria Martinez Medina

Imagenes: RTVE, y Gamernenas.

Composición: Picapiedra

lunes, 31 de enero de 2011

La Boggsita. Un mineral más valioso que el oro.

El Mineral Digital con el que terminamos este mes de Enero, lo dedicamos a la Boggsita, un mineral del grupo de las zeolitas, muy escaso y raro de encontrar, gracias al cual, cientificos españoles han conseguido lograr unos avances químicos de gran utilidad en el futuro,llegando incluso a patentar diferentes metodos que pretenden reducir los residuos de la industria química.

"Es un mineral tan escaso como extraordinario. Descubierto en 1990 en tierras de Oregon (EE.UU.), la boggsita tiene poros del tamaño de moléculas. Pero además tiene poros de diámetros distintos por los que se pueden hacer pasar moléculas distintas.

Con estas características, es un mineral ideal para aumentar la eficiencia –y reducir los residuos– de múltiples reacciones en la industria química. Tiene un gran potencial para la química verde, pero tiene un inconveniente: apenas se han descubierto unos gramos de boggsita en todo el mundo.

De ahí que en los últimos años varios equipos de investigación hayan intentado crearla en laboratorio para producirla en grandes cantidades. Sin éxito hasta ahora. Es lo que han conseguido Avelino Corma y Fernando Rey, que han desarrollado una nueva técnica para construir estructuras químicas complejas.

Esta técnica es útil más allá de la boggsita y ya se ha utilizado para diseñar nuevas moléculas de interés industrial. Los resultados de su investigación se presentaron en noviembre en la revista Science.


AVELINO CORMA
Nacido en Moncófar (Castellón) en 1951, Avelino Corma es director del Instituto de Tecnología Química de Valencia, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de València.

Doctorado en Química por la Universidad Complutense de Madrid, amplió su formación en la Queen’s University de Kingston (Canadá), donde permaneció entre 1977 y 1979.

Regresó a España como investigador del CSIC en 1979. En 1990 fundó el ITQ, que ha dirigido desde su creación.

FERNANDO REY
Fernando Rey (1963) es profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Tecnología Química de Valencia (ITQ).

Realizó el doctorado en el ITQ y amplió su formación en la Royal Institution de Londres (Reino Unido), donde permaneció entre 1993 y 1995.
Volvió a España en 1995 para reincorporarse al ITQ."

Fuente: La Vanguardia

Texto: Josep Corbella

Imagenes: Ricardo Pimentel, Josep Corbella.

Enviado: Lluis Silos.

Composición: Picapiedra

 
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