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martes, 28 de junio de 2011

Nuevo libro: "Hitos Fundamentales del Soplao". Cantabria


Un total de 42 expertos de diferentes ámbitos científicos y procedentes de seis universidades españolas y una italiana, así como de distintas instituciones y empresas, confirman en el libro "El Soplao: Una ventana a la ciencia subterránea" que la cavidad es "una maravilla natural de rango mundial" y un "referente de la geodiversidad y la investigación, con muchas posibilidades de convertirse en un gran geoparque".
Así lo han resumido, en rueda de prensa, el director de la Sociedad El Soplao, Fermín Unzúe, y el investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), Juan José Durán, encargado de coordinar la publicación de la obra editada por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte.

El libro, que acaba de ver la luz, ha sido definido por Durán como una obra de "alta divulgación científica", en la que a través de 190 páginas, complementadas con más de 200 fotografías, 150 referencias bibliográficas y opiniones de personas vinculadas al mundo del deporte, el arte, la ingeniería y otras actividades, los cuarenta y dos autores demuestran "la excepcionalidad de El Soplao", según ha subrayado Durán.


"El Soplao es uno de los pocos sitios de España y de Europa que permite asomarse a todas las disciplinas del mundo subterráneo", ha destacado, al tiempo que ha señalado que la cavidad y su entorno "no tardarán en recibir un alto reconocimiento de protección oficial".

El coordinador del libro e investigador ha ilustrado su afirmación enumerando algunas de las excepcionalidades de la cueva, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, entre ellas, las más de 4.000 excéntricas por metro cuadrado que tiene la cueva; los millones de espeleotemas (entre cinco y cincuenta); las doce especies cavernícolas; los miles de fragmentos de ámbar del Cretácico con 110 millones de antigüedad, o los estromatolitos que datan de hace un millón de años, sin olvidar los 50 kilómetros de galerías o las 3.000 hectáreas que constituyen el Territorio Soplao.

"La diversidad geológica de El Soplao es única", ha insistido el experto e investigador.

Obra divulgativa

El libro se estructura en cinco grandes capítulos: "Cantabria subterránea e infinita", dedicado a dar cuenta de que Cantabria es el lugar del mundo con mayor riqueza kárstica; "La Florida, riqueza minera", sobre el pasado minero y la arqueología en este ámbito de la cueva; "El Soplao, historia geológica en estado puro"; "El Soplao, filigrana mineral" y "Vida presente y pasada". A su vez, estos cinco grandes apartados se subdividen en 19 capítulos, donde se va explicando de "forma muy amena y divulgativa" todo el potencial científico y geológico de la cavidad.

Así, entre los autores se encuentran un Premio Príncipe de Asturias, profesores e investigadores de seis universidades españolas, así como de la Universidad de Bolonia, el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cinco empresas y dos instituciones cántabras.

"Era un libro necesario", ha aseverado Juan José Durán, porque "desde que se fueron los mineros de La Florida, no se había investigado en esta cueva con la intensidad de los últimos años y con tan importantes descubrimientos".

El director de la Sociedad El Soplao, Fermín Unzúe, ha explicado, por su parte, que la obra complementa a los tres libros anteriores publicados por la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes, "más de carácter promocional".

Fuente: Santander Ciudadviva

Imagenes: El Soplao.com

Unzúe ha afirmado que en este libro han trabajado "grandes profesionales" y aquél demuestra que El Soplao "no es flor de un día y tiene un gran futuro por delante".

martes, 16 de septiembre de 2008

La cueva del Soplao. Cantabria



“Soplaomorfosis”

La boca del Soplao engulle uno tras otro a sus visitantes, largas filas de seres diminutos avanzamos por su garganta, temerosos de un mundo que nos es extraño, ignoto, muy alejado del devenir diario, aquí el silencio lo rompe el desacompasado latido de los corazones, la risa nerviosa de los seres de luz en la oscuridad, el primitivo instinto de no ver, de no conocer, de no salir. Los ocres colores de las paredes, en su descenso, fluyen y respiran, se expanden y contraen a cada paso, mientras, las pupilas dilatadas buscan el profundo horizonte, las manos se aferran a las barandillas metálicas y a otras manos, ansiando el contacto de algo sólido y humano, encontrando una certeza en la incertidumbre, que les impide volver sobre sus pasos apresuradamente. Es entonces cuando esta inmensa ballena de Jonás nos acoge en uno de sus muchos estómagos, es entonces cuando nuestros miedos desaparecen, sustituidos por el asombro, las bocas abiertas, las miradas, erráticas, perdidas. Aquí comienza la metamorfosis, las cabezas vueltas hacia el techo, las piernas ancladas y separadas, los dedos apuntadores de una maravilla tras otra, el verbo exclamatorio único, ¡mira, mira, mira! Del cielo penden columnas, cortinas, encajes y bolillos, níveas estrellas nos devuelven nuestro reflejo, y nosotros, incapaces de mantener la vista en un solo punto, sobrecogidos por nuestra propia insignificancia, nos hacemos aún más pequeños, más difusos y más etéreos.

Ninguna obra humana se asemeja a lo que aquí presenciamos, aquí se conjugan todas las bellas artes, todas ellas bien representadas y armonizadas, delicadas esculturas cristalinas, moles arquitectónicas, lienzos de infinitos colores…Un cúmulo de sensaciones completas que nos desbordan, que nos invaden y transportan. La caverna es un museo natural, un museo vivo, donde cada obra crece y se transforma a capricho, evolucionando hacia nuevas maravillas que extiendan y completen esta magna obra de arte. ¿Cómo explicar lo inexplicable? ¿Cómo pretender igualar lo inigualable? Aún más pequeños que cuando entramos, continuamos el descenso, ansiosos de contemplar otros estómagos de este inmenso ser, parándonos en cada cámara, cada galería, cada escaparate de joyas, siguiendo las rutinas del exterior, pero aquí, nada se puede adquirir, más que el conocimiento, no existen etiquetas con el precio de venta, ni productos, ni restos de almacén, son las galerías del mirar y no tocar, un regalo para los sentidos.


El tiempo también se detiene en su interior, las horas pasan fugaces, apenas segundos para el visitante, ávido de nuevos descubrimientos, olvida las cadenas que lo unen a su mundo de luz y se sumerge aún más en las entrañas del monstruo, ajeno a las agujas del reloj, a la falta de cobertura y a la premura de la superficie. Enajenados de boca abierta, vagamos de cámara en cámara queriendo congelar cada momento, cada sala, cada recuerdo, en un vano esfuerzo por no olvidar, por memorizar cada forma, cada brillo y cada filamento. El Soplao cambia mientras nos cambia, nos observa mientras lo contemplamos, nos sonríe mientras le sonreímos, y así, con una amplia sonrisa en nuestras caras, lo abandonamos, lo dejamos atrás como a un sueño enterrado, y nos alejamos alegres, poseedores de un secreto desvelado.

Texto y fotografías: Picapiedra



 
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