miércoles, 24 de julio de 2013
Restaurada la chimenea de la mina Esmeralda. Aldea Moret. Caceres.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Proyecto de recuperación del Pozo Tresano. Cabezón de la Sal. Cantabria

Los restos de una estructura se tornan hacia el suelo sin terminar de derribarse, como si la fuerza de la gravedad no surtiera del todo su efecto. Las vigas desnudas dan al conjunto un aspecto desangelado. Se trata de lo único que queda del pozo-mina de Tresano, el último vestigio de la ancestral industria salinera de Cabezón de la Sal. La historia del municipio, directamente relacionada con la explotación de la sal, vuelve a rememorarse ahora después de que el Ayuntamiento mostrara su intención de convertir estos restos en un Centro de Interpretación de las Salinas de Cabezón de la Sal. El primer paso de un camino que aún se atisba muy largo en el horizonte, y que fue dado a conocer en el último Pleno de la Corporación, al aprobarse una permuta según la cual la finca donde se sitúa el pozo ya es de propiedad municipal.
«No podemos hacer como si nada», explica el concejal de Turismo, Gustavo González Monterrubio, «porque se trata de aquello que nos da nuestros apellidos, que nos identifica». Y es que estos restos de la industria salina, que hubo en el municipio desde la época romana hasta el siglo XX, se estaban dejando morir ante la mirada nostálgica de los vecinos. «La gente decía: hay que hacer algo, pero nadie hacía nada», dice González Monterrubio, quien ya en 2005, siendo concejal, presentó una solicitud para declarar esta finca Bien de Interés Cultural.
A González Monterrubio no le falta razón y la gran tradición salinera del municipio lo avala. El documento más antiguo sobre las salinas de Cabezón de la Sal data del año 900. Las Ordenanzas de 1580 de la localidad, según la memoria histórico-artística del pozo Tresano, reflejan como la sal era el eje de la economía cabezonense. «Se trata de la máxima representación de nuestros orígenes», argumenta.
Durante sus primeros años, Solvay obtuvo su suministro de Cabezón de la Sal, hasta la puesta en marcha de las salinas de Polanco. El pozo Tresano supuso tanto la modernidad como el fin de la industria salinera del municipio. Con una profundidad de 86 metros, la sal se extraía picando el banco de sal y llevando los bloques al exterior mediante vagonetas de 350 litros de capacidad sobre raíles.
Al principio había 200 obreros, y se producía sal fina y placas de sal para el Sudán francés, colonias africanas y Canarias, así como piedras de sal para el ganado. Además, entre 1915 y 1924 Cabezón de la Sal consigue la mayor producción de su historia al constituirse en el proveedor de Solvay.
Aunque sufrió algún parón, en 1949, la mina es reformada y se moderniza la explotación. Un año más tarde, en 1950, se emplea la luz eléctrica. De esa época habla Jesús Odriozola, un vecino de Cabezón que trabajó en las salinas de Tresano durante 29 años (entre 1952 y 1981). Jesús escarba en su juventud y explica la experiencia despacio, mascando esos 29 años. «Comencé siendo un crío, con sólo 16 años, entré como pinche y luego fuí ascendiendo». Recuerda la reforma «que modernizó la producción».
La memoria de Jesús aún se entiende con las cifras. «Al dinamitar para sacar la sal en piedra brotó un manantial de agua salada con una densidad de un 25%. Comparándolo con el Cantábrico, que tiene un 4,5 % y con el Mediterráneo, que tiene un 7%, es bastante», asegura, «de forma que de un litro de agua sacábamos trescientos gramos de sal».
El plan de mejoras de finales de 1958 abarató y aumentó la producción para atender la demanda del África Ecuatorial que precisaba sales ígneas. En España, Cabezón era el único productor. El descenso de la mano de obra era constante debido a la mecanización y mejoras productivas. «Cuando empecé, éramos unos 33 y cuando se cerró, ya sólo quedábamos 13 hombres y algunas mujeres que se encargaban de empaquetar», señala Jesús, quien terminó siendo encargado. «Al final ya me ocupaba de todo. Lo mismo descargaba un camión que estaba en la oficina», recuerda.
La sal era la marca Lot, vendida en España y en el extranjero. Los principales consumidores eran Cantabria, País Vasco, Asturias, Norte de Castilla y La Rioja. Además, se exportaba a Camerún y Guinea Ecuatorial, principalmente. Sin embargo, alrededor de los ochenta el pozo de Tresano se cerró. «Lo cerró el ingeniero de Industria de Santander porque decía que los hundimientos que había en el pueblo eran a causa de la salina», asegura Jesús. Desde entonces no se ha vuelto a hacer nada en la zona, que está totalmente abandonada. «Me da pena verlo así porque allí pasé muchos años de mi vida».
González Monterubio no piensa abandonar su empeño. «Hay un equipo de ingenieros de minas que se han ofrecido a trabajar en este proyecto de forma desinteresada», explica mientras afirma con rotundidad que su intención es convertir estos restos en un Centro de Interpretación de la Sal.
Fuente: El Diario Montañés
Texto: Lucía Alcolea. Cabezón de la Sal.
Imagenes: J. Rosendo y Turismoporcantabria .com
Composición: Picapiedra
martes, 24 de mayo de 2011
Sando termina la restauración sostenible de la cantera de Mijas. Malaga.

La empresa Sando ha entregado al Ayuntamiento de Mijas (Málaga) la cantera del Puerto completamente restaurada, un proceso que se inició en el año 2000, poco después de ser adquirida, de manera paralela a la explotación mineral y que ha continuado hasta este año.
Según indica Sando en una nota, la firma del contrato de recepción de la cantera ha contado con la presencia de la alcaldesa en funciones de Mijas, Ana Román; la concejala de Medio Ambiente, Tamara Vera, y la concejala de Igualdad y Bienestar Social, Fuensanta Lima. Por parte de Sando, ha suscrito el acuerdo José Villodres, director general del área de Materiales y Suministros de Sando.
En este tiempo, y en coordinación con la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Mijas, Sando ha realizado una "completa restauración y reforestación, supervisada por una comisión de seguimiento compuesta por técnicos de diferentes administraciones". Sando ha mantenido en esta cantera su compromiso con la explotación sostenible de los recursos naturales.
La restauración del terreno se ha desarrollado en sentido descendente, de forma, que, siguiendo esta técnica, "la regeneración comenzó por los bancos más altos, permitiendo la comprobación de los resultados a la vez que se continuaban las tareas de explotación sostenible en otras zonas".
Dentro del plan de restauración se ha procedido a la plantación de más de 15.000 ejemplares entre árboles y arbustos. Principalmente se ha optado por la variedad de 'pino halepensis' con una altura de entre un metro y un metro y medio, complementada con pinos de reposición procedentes de un vivero propio y otras 400 plantas diversas.
De igual manera se han sembrado semillas variadas a lo largo de los taludes de los niveles ya restaurados, prevaleciendo en todo momento las especies autóctonas, como el hinojo gigante, salvia, mejorana, tomillo, lavanda, melisana, gramíneas y leguminosas. Solamente durante el período 2009-2010 se plantaron 1.800 kilos de semillas.
La cantera ha contado durante estos años con un vivero en las propias instalaciones para favorecer la aclimatación y adaptación al terreno de las plantas procedentes de otros viveros. Asimismo, se han recogido semillas, tanto de pinos halepensis, piñoneros y semillas de arbustos autóctonos, que han sido replantadas en macetas para que nacieran en la zona y se adaptaran a las condiciones ambientales.
La reforestación de la cantera se ha realizado mediante un complejo sistema de riego por goteo que ha precisado la implementación de un grupo de presión especial y que se revisa diariamente para controlar el mantenimiento de las zonas que se riegan.
El resultado final de las actividades de restauración ha sido la realización de 15 bancos en la zona oeste de la cantera y catorce por el lado este. Los bancos obtenidos oscilan entre los 12 y 15 metros de altura.
La cantera del Puerto o Cañada de los Canteros, ocupa una superficie de 170.000 metros cuadrados, en la que Sando también ha construido una zona deportiva de 9.000 metros compuesta por una pista de atletismo, una cancha de fútbol y otra de baloncesto.
Igualmente, se han acondicionado dos humedales para favorecer el ciclo vital de animales anfibios; un área de recreo arbolada de 13.700 metros con bancos y mesas; un aparcamiento de 4.000 metros, un sendero de dos kilómetros de longitud, dos miradores, y nidos para aves rapaces tallados en los cortados de roca.
La empresa Sando se ha comprometido a realizar el mantenimiento de la cantera durante los dos próximos años. Estas tareas suponen la reposición de los ejemplares que se pierdan y corregir las cuestiones de ingeniería necesarias. Asimismo, continuará con el aporte de tierra vegetal y plantará otros dos cientos árboles autóctonos, principalmente en los bordes de los senderos.
Sando es una empresa comprometida con la sociedad que efectúa una gestión sostenible allí donde desarrolla su actividad, tanto en España como en otros países.
Fuente y Texto : Europa Press
Enviado: Jose Manuel Ancio
Imagenes: Fundación Sando
Composición: Picapiedra
jueves, 4 de junio de 2009
Mina de Alquife. Granada. Andalucía.
El color rojizo aún perdura en la llanura del Marquesado del Zenete, en la vertiente norte de Sierra Nevada, donde se conserva parte del patrimonio industrial de la mina de Alquife (Granada), la única explotación de hierro a cielo abierto de Europa. Cerró en 1996 y la comarca, una de las más deprimidas de Andalucía, no logra recuperar su energía. Tolvas vacías, la cantera inundada de agua y casas expoliadas son testigos mudos de una actividad que congregó a más de medio millar de personas en el conocido como barrio de Los Pozos.No han sido pocos los intentos por revitalizar la explotación y posteriormente el legado que deja, pero discrepancias entre la Administración, propietarios, mineros y autoridades locales han hecho fracasar cualquier atisbo de esperanza. El pasado año, tres sociedades de Luxemburgo compraron, a un precio "confidencial", según dicen, las cerca de 900 hectáreas de terreno de la mina a su anterior propietario.
La concesión del subsuelo pertenece a antiguos mineros, pero resucitar la cantera es prácticamente imposible. Un complejo turístico y cultural se plantea como alternativa. Los municipios de Alquife, Aldeire y Lanteira, a los que pertenecen los terrenos, lo apoyan. Y la Junta, que no se opone, ultima la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC). El proyecto, por tanto, tendrá que respetar la protección.
Es difícil imaginar en esas casas abandonadas la convivencia pacífica y afectiva que, relata Manuel Rodríguez, ingeniero técnico jubilado, llenó de vida la barriada. Su mujer, Julia Ramírez, que nació en Argelia pero llegó al poblado con cuatro años de la mano de su padre, jefe de mantenimiento de la mina, también guarda en su memoria buenos recuerdos. "Es una pena su estado actual, es un sitio precioso", afirma.
Ambos viven actualmente en la capital granadina, pero se conocieron y casaron en Alquife, en el poblado que se levantó en los años cincuenta, donde tuvieron a sus dos hijas. Su esperanza, como la de muchos otros, es poder ver la zona envuelta en la frenética actividad que tuvo la mina en funcionamiento. "Había piscina, cine de verano y de invierno e incluso una discoteca junto al club de obreros". Ninguna de esas ofertas tenían los pueblos de la comarca. "Había que ir a Granada para encontrarlas", recuerda Rodríguez.
La intención, asegura el representante de la gestora suiza Property Development A. G., Hinnerk Fauteck, es hacer un gran complejo que sea "ejemplo" en otras zonas. "Una inversión estimada de 150 millones de euros en tiempos de crisis para revitalizar la comarca, un complejo turístico y cultural que permita dar a conocer la historia de la mina, con rutas, y oferte conjuntamente otras alternativas". La previsión es crear un millar de puestos de empleo.
Claramente dividido por clases, ingenieros y obreros, el barrio mantiene, aunque decadente, parte de su esencia. Sólo el viento -está situado a 1.150 metros de altura- domina la barriada y rompe el silencio que en su día ocultaba el chirriar del tren en sus maniobras, el estruendo de los barrenos, el ruido del mineral al caer en las tolvas y el bullicio de unos niños que hoy, ya mayores, anhelan ver el resurgir de lo que fue una explotación a cielo abierto modelo en el mundo entero.
Texto: Valmé Cortes.
Imagen: Picapiedra
Enviado: Jaime L. S.



