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miércoles, 9 de febrero de 2011

Hallado en Altamira un fósil grabado anterior a las pinturas. Santillana del Mar. Cantabria

El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) y el Museo de Altamira han presentado la colaboración entre ambas entidades para realizar estudios geomorfológico y de datación en las conocidas cuevas cántabras que se suma al trabajo arqueológico que se realiza desde el Centro de Investigación de Altamira. Una relación que ya ha dado sus frutos en la excavación iniciada en el yacimiento de Santillana del Mar (Cantabria) el pasado mes de octubre y que ha permitido sacar a la luz un omóplato de ciervo grabado. «Se trata de uno de los objetos más singulares que se puede encontrar asociado a los acimientos magdalenienses de la cornisa cantábrica», afirmaba en la presentación de esta colaboración el director del Museo de Altamira, Jose Antonio Lasheras. La pieza se ha localizado en una «miniexcavación» de 25 metros cuadrados y a 20 centímetros de profundidad. La datación ha ofrecido una edad de 14.800 años, «ligeramente anterior al momento en el que se pinta la manada de bisontes policromados y el nivel en el que se han localizado es aún más antiguo», concluye.
Éstos son los primeros resultados en cuanto a objetos arqueológicos pero, con el apoyo del Cenieh, desde el Museo de Altamira se busca ampliar el conocimiento sobre los fenómenos geológicos de las cuevas y conocer, específicamente, cuándo se produjo la caída de rocas que taponó la entrada natural a este espacio en el Paleolítico superior. «Altamira, pese al reconocimiento internacional, en cuanto a conocimiento científico de la actividad humana como de la geología de la cueva tiene lagunas y es algo que buscando nuevos oscios queremos tratar de resolver», afirma.
El vicedirector del Cenieh, Alfredo Pérez González, especialista en Geoarqueología, codirige estos trabajos. Afirma que en el Laboratorio de Series de Uranio del Cenieh «estamos datando espeleotemas y huesos» pero «tenemos un proyecto más ambicioso que es el análisis de la evolución geodinámica y geomorfológica de la cueva para definir en el tiempo la ocupación de estas cavidades», concluye.
De esta manera la colaboración para conocer cuándo comenzó a ocuparse la cueva y que uso tenía además de las pinturas que le han dado fama internacional, se mantendrá a lo largo del tiempo. «Ahora mismo estamos procesando los datos arqueólogos y geológos de la campaña pasada pero trataremos de planificar nuevos trabajos sino es para este año sí será para 2012», avanza el director del Museo de Altamira. Y es que la entrada de las cuevas de Altamira actual es artifical. Éstas cavidades se extendían hasta la parte hoy abierta. La boca de entrada tenía unos 15 metros de frente y sucesivas caídas de roca bloquearon las entradas.
Excavación minuciosa
Esta excavacion de pequeño formato cuenta con «pocas personas trabajando pero las que estan son muy especializadas» aclara Pérez. Se trata de un trabajo en el que se ha dividido el trabajo en dos áreas fundamentales: la arqueológica que corre a cargo de los científicos de Alatamira y la geológica y de formación de la cueva y datación que se desarrollará desde el Cenieh tanto por su personal como por sus equipamientos. En esta primera excavación fueron cuatro los científicos del Cenieh que colaboraron en Altamira. El estudio de la evolución geológica de las cuevas es el paso previo para conocer las posibilidades de abertura de las mismas y, por tanto, descubrir cuándo pudieron ocuparse aunque lo ya descubierto habla de una ocupación desde hace 30.000 y 10.000 años.

El convenio suscrito entre ambas instituciones no sólo sirve para el desarrollo científico también permitirá llevará cabo actividades culturales, académicas y de divulgación del conocimiento científico.


Fuente: Diario de Burgos

Texto: Marta Casado

Imagenes: Spanisharts, Marta Casado, y Vargas.

Composición: Picapiedra

martes, 2 de febrero de 2010

Altamira. ¿Turismo o conservación?. Santillana del Mar. Cantabria.

Iniciamos hoy martes, una nueva semana en el Mineral Digital, comenzamos un poco más tarde de lo habitual debido a que ayer lunes nos encontrabamos picando en un yacimiento del que en unas semanas esperamos poder daros noticias.
Hoy queremos recoger en nuestro blog el último informe del CSIC sobre el estado de las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, así como el debate que su presunta reapertura ha creado en la sociedad cántabra, nacional e internacional.

El deterioro de las cuevas -saturadas durante años en los que incluso se llegó a las 175.000 visitas anuales- está directamente vinculado con el uso permanente de las mismas. El estudio del CSIC concreta directamente los efectos que ocasiona la presencia diaria, y no regulada ni administrada, de personas en la cavidad. Un régimen de visitas que en cualquier caso debe ser restrictivo.
Según el informe de los científicos «las visitas inducen procesos de microcorrosión que la afectan directamente, disolviendo los soportes de las pinturas». Y se explica: «la emisión de vapor de agua generada por los visitantes induce la condensación de agua preferentemente sobre paramentos horizontales elevados (los techos). Los datos de la visita experimental (realizada en marzo de 2007) muestran que el aumento de la humedad y el inicio de la condensación son prácticamente inmediatos a la salida de los visitantes».
El deterioro causado por la 'disolución' provocaría «la formación de microcavidades, evidentes a simple vista en el techo de la Sala de Polícromos y que son utilizadas como hábitat preferente por las colonias de bacterias blancas que tienen un desarrollo preocupante en el techo del área más interna de la sala y afectan a zonas con pigmento».
En la descripción y enumeración de los efectos perniciosos de la entrada de visitantes a la cueva, el estudio refiere un incremento de la 'oscilación termohigométrica', un aumento de la concentración de CSO2, el calentamiento del área de la zona de las pinturas y la movilización de la masa de aire.
Unidos todos esos datos, el estudio muestra su cara más conservacionista sobre la protección de la cueva al decir que «la entrada de visitantes provoca perturbaciones microambientales en la cavidad perjudiciales para la conservación de la misma y en particular de la Sala de los Polícromos», muy frágil debido a sus especiales características morfogeométricas y de dinámica hidrokárstica. De ahí que aunque no se concrete el número de visitas/día en el supuesto de la reapertura de Altamira, si se indica como 'hoja de ruta' a seguir que las medidas a adoptar «deben ir enfocadas a minimizar esos procesos/mecanismos de deterioro». Sólo así se evitarían los factores de condensación que, además, causan «la dispersión de la población microbiológica en la cavidad».
Todos los análisis realizados revelan que las continuas y diarias aperturas de la puerta de acceso de la cueva y la entrada de grupos consecutivos a la Sala de Polícromos, «generaban perturbaciones de carácter acumulativo en el microambiente interno». En 1975, un fotógrafo santanderino, Francisco Santamatilde, fue el primero en advertir del grave deterioro que sufrían las pinturas de la sala de los polícromos de Altamira. Comparó una fotografía suya de 1965 con una postal de 1975 y percibió que los tonos inconfundibles de los bisontes y de la cierva habían perdido viveza e intensidad. Consultó el tema con algunos expertos, pero su denuncia apenas caló hasta que se hizo eco de ella un medio de comunicación nacional, Sábado Gráfico, que tituló de forma contundente: «Altamira, una reliquia universal que se pierde» (8 de octubre de 1975). El director del Museo de Prehistoria, Miguel Ángel García Guinea, también se sumó a la denuncia.
Pero poner en cuestión en aquellos momentos el aprovechamiento turístico de Altamira no era fácil. La cueva era la 'gallina de los huevos de oro', ya que los ingresos por entradas sostenían el entramado presupuestario del propio Ayuntamiento de Santillana, propietario del bien, y de la Diputación.
Por Altamira llegaron a pasar anualmente hasta 175.000 personas, a razón en algunos días de 1.500 personas. Si esta cantidad se multiplica por las cien pesetas que costaba la entrada y se suman los ingresos por otros conceptos, se puede llegar de algún modo a entender que el alcalde de Santillana, Javier Rosino, promoviese una manifestación para reivindicar la apertura de la cueva y llegase a encadenar a la verja de la gruta en un gesto que no pasó desapercibido para los medios en aquel momento. Ya en 1965, el ingeniero de Diputación García Lorenzo determinó que los grupos no fuesen superiores a 25 personas. En 1967 se restringió la visita a 1.300 personas diarias y en 1968 a 1.100. En el año 1972 la cueva se cerró en noviembre y diciembre «para dar descanso a la gruta», y en 1974 fueron tres meses.
Tras la denuncia de 1975, el Ministerio, que inicialmente se negó a aceptar la evidencia, tardó en reaccionar y en crear una comisión técnica de expertos para estudiar el caso. En 1976 la cueva se cerró ocho meses y el 1 de septiembre de 1977 se puso fin a las visitas de forma definitiva, después de que los técnicos decidiesen el 29 de marzo de 1977 que Altamira tenía que cerrarse.
La cueva, aislada durante miles de años, mantenía una temperatura ambiente de 13º y un índice de humedad que oscilaba entre en 97 y el 99%. La presión de las visitas masivas alteró los registros; la temperatura se elevó hasta los 19º y el grado de humedad había descendido hasta el 71%. Estas circunstancias favorecieron la aparición de nuevos microorganismos que dañaban los pigmentos de las pinturas realizadas hace más de 15.000 años.
Reapertura en 1982
Tras los estudios del profesor de la UC Eugenio Villar y tras crearse el Museo Nacional, la cueva, ya gestionada por el Ministerio de Cultura por la cesión realizada por el Ayuntamiento de Santillana, se reabrió en 1982 con un cupo de 8.500 personas/año y con unos turnos diarios que oscilaban entre 10 y 15 personas.
Transcurrió en el mismo régimen la década de los noventa, no sin incidencias como la que se denunció en su momento de que durante meses los aparatos que monitorizaban las condiciones ambientales de la cueva no funcionaban por falta de un software adecuado.
El 17 de julio de 2001 se inauguró la neocueva y el nuevo Museo por los Reyes de España. La cueva original, de forma restringida, se siguió visitando hasta el 1 de septiembre de 2002. Los técnicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas comprobaron que el régimen de visitas «generaba perturbaciones de carácter acumulativo en el microambiente interno de la Sala de Polícromos, perjudiciales para la conservación de las pinturas», lo cual determinó una nueva clausura de la cueva a las visitas, sin determinarse por cuánto tiempo. Más de siete años han transcurrido desde entonces y el hermetismo de la dirección del Museo, del Ministerio de Cultura y de los técnicos de CSIC ha sido la tónica cuando se ha preguntado por la evolución de los trabajos de investigación o por el resultado de los mismos. En abril de 2007 se firmó el último convenio de colaboración entre el Ministerio y el CSIC para «el estudio integral del estado de conservación de la cueva de Altamira y sus representaciones artísticas» por un importe de 367.000 euros. En dicho informe, los técnicos estaban comprometidos a definir y realizar una propuesta específica «de un régimen y condiciones de visita pública a la cueva de Altamira compatible con las máximas garantías posibles para la conservación del arte rupestre». En definitiva, el hueco abierto por este informe del CSIC para su posible reapertura está siendo aprovechado por el gobierno regional y los intereses mercantilistas de la villa medieval de Santillana para reabrir la cueva, no han bastado los millones invertidos en la neocueva, ni en el museo que la alberga, los visitantes quieren ver la auténtica y las auténticas pinturas. He aquí el quid de la cuestión: Turismo o conservación. Desde el Mineral Digital apostamos por la conservación, por el cierre definitivo y permanente de este espacio, de manera que solo entre un grupo de cientificos cada cierto tiempo a fin de efectuar las pruebas necesarias para una eficaz conservación de las pinturas, un legado rupestre que no podemos dejar que intereses económicos perjudiquen. Un legado para generaciones futuras.

Fuentes: El Diario Montañés. CSIC.
Textos: Jose Luis Perez. Picapiedra.
Imagenes:Nico Polo, Ivan Pastoriza y Jose Luis Martinez.
Composición: Picapiedra.

miércoles, 27 de enero de 2010

La ensenada de Puerto Calderón y las Minas del Poyo. Oreña y Arroyo. Cantabria.

En el Mineral Digital de hoy os mostraremos un precioso enclave de la costa cantábrica, la ensenada de Puerto Calderón, en Oreña, antiguo cargadero de mineral de Zinc y refugio de submarinos alemanes durante la segunda guerra mundial, hoy reconvertido en puerto pesquero/deportivo. También os hablaremos de las minas del Poyo, las cuales a pesar de encontrarse en la misma ensenada, pertenecen a la población limitrofe de Arroyo, siendo imposible acceder a ellas desde Puerto Calderón, a no ser que se haga por mar. Imagen superior: La Punta del Poyo, vista de las bocaminas desde Puerto Calderón.

La ensenada se encuentra flanqueada por dos puntas rocosas, Punta Calderón, a su izquierda y la Punta del Poyo, a su derecha. Al puerto se accede por la población de Oreña, se deja el vehiculo en la explanada superior y se baja andando, entre prados y acantilados, el camino es accesible, en algunos tramos lo encontraremos cubierto de hormigón incluso. Según bajamos divisamos el muelle, donde aún se conservan viejas vagonetas, tolvas e incluso el rudimentario tendido de cables que servía para cargar el mineral. Allí podemos observar lanchas y barcas que tienen situadas los pescadores locales, así como la reconstrucción que han hecho del antiguo espigón y muelle. Imagen superior: Punta Calderón.
Imagen superior: Espigón y muelle en Puerto Calderón.
Imagenes superiores: Restos de vagonetas e instalaciones de carga.
Imagen superior: Polea de carga.
Imagen superior: Tuberías.
Imagen superior: Reconstrucción del muelle.

El primer indicio de mineral que encontramos es Calcita, ya que Punta Calderón es un macizo calizo lleno de oquedades, en cristalizaciones pequeñas de 1 cm aproximadamente, cristales redondeados y poco definidos, entre transparentes y blancos, nada destacables ya que también aparecen en formas fosiliferas, es decir como relleno de antiguos fósiles marinos de los que aún se aprecian abundantes restos por toda la Punta.
A nuestra derecha, internandonos entre las rocas de la ensenada (con marea baja) apreciamos uno de los diapiros de yeso tan abundantes en la costa cantábrica, cuya extrusión nos muestra partes de él al descubierto, se trata de yeso fibroso embutido en limos yesiferos, sin cristalizaciones aparentes, de variado colorido, desde blanco al gris, pasando por el verde, el rosa, anaranjado y rojo. En él descubrimos pequeños jacintos (cuarzos) de apenas unos milimetros incluidos dentro del yeso, lechosos y coloreados caprichosamente por la naturaleza.
Poco más ofrece en cuanto a mineralizaciones esta zona de la ensenada, eso sí, abundantes fosilizaciones que harán las delicias de cualquier aficionado a ellos.
Tras tomar varias imagenes de la ensenada y disfrutar de un bocata en compañía de las paseantes locales que se acercaron por allí, emprendimos regreso al vehiculo para afrontar la zona minera del Poyo (también conocida como la mina de Ubiarco, a pesar de que esta población es más lejana en la costa). Para ello tuvimos que salir a la carretera general que se dirige a Santillana del Mar y coger el desvío al pequeño pueblo de Arroyo, donde antaño tuvo Asturiana de Zinc otra explotación, hoy en día cubierta y recuperada para pastos.
Atravesamos el pueblo de Arroyo en dirección norte, hacia la costa, con la secreta esperanza de que no fuera cierto lo que en algunas webs del gobierno regional viene publicado acerca de las bocaminas, es decir, que se encuentran tapiadas y enrejadas para que no se caiga ningún turista en sus abundantes simas. Dejamos el vehiculo al final del tramo asfaltado y recorrimos el kilometro de senda costera que aún faltaba a pie, hasta llegar a la cumbre de la Punta del Poyo, donde observamos la presencia de varios coches en las antiguas escombreras de la mina, luego supimos que tanto pescadores como escaladores deportivos acostumbran a visitar el lugar para practicar sus aficiones. Tras examinar lo que quedaba de las escombreras sin mucho exito, descendimos el caminuco (ojo con él por estrecho, resbaladizo y colgado sobre el acantilado) en busca de las dos bocaminas, en primer lugar visitamos la más superior, situada a unos veinte metros de altura sobre la inferior, entramos ya que nada nos impedía el paso, ni carteles, ni tapias, ni rejas, absolutamente libre, nos desilusionó un poco el hecho de que apenas era una doble galería de muy pocos metros, debieron encontrar la veta de esfalerita y cuando esta despaareció en las profundidades de la Punta decideron probar suerte más abajo. así que ni cortos ni perezosos nos encaminamos a la bocamina inferior, la cualse encontraba en las mismas condiciones, es decir, abierta y de paso libre. Allí charlamos con un pescador de la zona, quien una vez más (ya lo habían hecho las paseantes de Punta Calderón) nos contó lo del refugio de submarinos alemanes, debe ser una anecdota que los locales gustan de relatar. Imagen superior: Camino de bajada a las bocaminas.
Imagen superior: Bocamina de doble galería superior.
Imagen superior: Bocamina inferior.
Imagen superior: Pescador frente a la bocamina inferior.


Ya metidos en faena nos internamos en las profundidades de la mina (con marea baja también), detalle éste muy importante ya que esta mina se llena de agua de mar con las mareas, nunca había visitado una mina de interior con arena y algas en los suelos, se trata de una galería recta y estable, la cual se divide en pequeñas galerías y catas en su zona derecha (a la izquierda está el mar), muchas de estas últimas se encuentran a tope de basuras, plasticos, botellas, envases de embutidos, restos de velas y cirios, al tratarse de una zona cercana a la entrada se debe utilizar como refugio,picadero, botellón o vayan ustedes a a saber. Siguiendo por la galería principal ya encontramos mucha menos inmundicia y comenzamos a ver restos de picadas en las paredes, algunas muy antiguas y otras muy recientes, posiblemente de este pasado verano. Impresiona estando en el interior, el batir del mar y el ruido que este provoca a traves de los sifones y simas que comunican con la mina, un constante aviso de que en cualquier momento puede hacer su aparición el agua. Aún así continuamos avanzando, esperanzados en sacar algo positivo de la visita, cruzamos un par de grietas anchas con suelo hundido incluido, buscando las zonas de labores, a unos 200 metros de la entrada comenzamos a ver oxidaciones y carbonatos húmedos en las paredes, un colorido que no podía dejar de reflejar con la cámara.
Imagen superior: Suelo de arenas y algas.
Imagen superior: Basuras de las galerías de la entrada.
Imagen superior: Carbonatos.
Imagen superior: Algas
Imagen superior: Vetas de esfalerita.
Imagen superior: Grieta de corrimientos. Imagenes superiores: Oxidaciones.

También comenzaron a hacer su aparición pequeñas geodas de dolomía, de las cuales extrajimos alguna muestra para fotografiar más tarde y esperando nos sorprendieran con algún mineral microscopico en su interior, cosa que no fué así.
Tras comprobar algunas geodas de superior tamaño que ya habían sido picadas, y comentar el hecho de que la luz empleada para estas picadas fueran velitas de iglesia (las que van embutidas en un recipiente circular metálico pequeño) de las cuales se apreciaban abundantes restos incluso dentro de las propias geodas. Extrajimos algunas calcitas de geodas cercanas, en agrupaciones y en cubos solitarios. No apreciamos más mineralizaciones que la de la esfalerita vermicular que recorría las paredes y los abundantes carbonatos (hidrozincita) húmedos que se dejaban ver por doquier. Llegamos al final de la galería tras rebasar antiguos pozos de ventilación y galerías adyacentes, fué allí al final de las labores donde extrajimos pequeñas piezas de esfalerita cristalizada (milimetrica) y algunas calcitas más. Abandonamos la explotación, insatisfechos por no haber conseguido ninguna pieza notable para las vitrinas pero encantados con tan singular mina y tan hermoso paisaje. Reiterar a los futuros visitantes de este lugar la conveniencia de hacerlo consultando la tabla de mareas, para no llevaros sustos innecesarios, así como el extremo cuidado que debeis tener al atravesar hundimientos y simas, también es de resaltar el hecho de que algunas galerías del final se están colmatando de arena, con lo cual los techos son aún más bajos. Espero que hayais disfrutado de esta saliduca.
Saludos norteños, y picapedreros.
Texto e imagenes: Picapiedra

 
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