
Hoy jueves, el Mineral Digital despide la semana con una entrada antaño habitual en nuestro blog, y que hoy en día es muy poco frecuente por diferentes circunstancias, una excursión a un yacimiento español poco visitado y que pasamos a comentaros.
En el parking de la Estación de esquí de Valdezcaray, y con motivo de unas obras de ampliación de dicho aparcamiento, apareció hace unos meses un filón de cuarzo, el cual atravesaba una veta con carbonatos de calcio, hierro y cobre, además de diversos sulfuros, óxidos e hidróxidos.
De este filón se han extraído interesantes muestras de dicha paragénesis, la cual incluye: Cuarzos (en drusas y biterminados), Dolomitas (en romboedros blancos, amarillentos y ferrosos, y en agregados de cristales), Sideritas (hojas lenticulares), Calcopiritas (en cristales piramidales y masiva), Malaquita (en cristales tabulares y aciculares), Pirita (cubos milimétricos), Hematite variedad Especularita, Goethitas y Limonitas.

Imagenes superiores: Cuarzos in situ.


Imagenes superiores: Cuarzos in situ.Las piezas más llamativas para colección de vitrina, quizás sean, sin duda, los cuarzos sobre siderita o sobre dolomita, y también los romboedros de Dolomita ferrosa, lagrimeados de una segunda recristalización de dolomita blanca, sobre sideritas, estos romboedros alcanzan tamaños de hasta tres centimetros de arista, y son muy estéticos.

Imagen superior: Igor siguiendo las vetas de cuarzo.
Imagen superior: Toñi y Janire laborando.
Imagen superior: Igor en el yacimiento
Imagen superior: Toñi dandole a la maza y Miriam a la expectativa
Imagen superior: Toñi y Miriam comprobando el trabajo.Debemos agradecer el estudio de esta paragénesis, a los compañeros del Foro Mineral Digital, quienes con sus salidas a este yacimiento han contribuido a completarla, especialmente a Janire, Miriam, Igor, Toñi, y Aitor. Y también nuestro agradecimiento al profesor D. Miguel Calvo por referenciar dicho yacimiento y su paragénesis en Mindat. En ocasiones la unión de aficionados y científicos, así como una clara apuesta por la transparencia y la colaboración mutua, ofrece este tipo de resultados, los cuales vienen siendo mucho más habituales en los últimos tiempos, algo que siempre es de agradecer.
Imagen superior: Picapiedra abriendo hueco

Imagen superior: Picapiedra abriendo hueco
Imagen superior: Aitor laborando.
Estas son las coordenadas de este yacimiento:
X: 502.249.22 m.
Y: 4.678.605.95 m.
Sirva este micro reportaje como loa al esfuerzo de los muchos mineralogistas de a pié que semana tras semana se recorren España buscando nuevas referencias y aportes para nuestra mineralogía, sin ningún interés, ni más ánimo, que el de hacer participes a sus compañeros de sus hallazgos y de la riqueza mineralógica que aún yace enterrada en nuestros suelos.
Va por vosotros compañeros.
Texto: Picapiedra
Imagenes: Mirian, Igor y Picapiedra.


































Se trata este de un bosque adehesado de encinas, poco corriente en la cornisa cantábrica, dicho encinar se ubica a los pies de un farallón calizo, Armañón, en el cual se halla esta mina del Toral. La dificultosa ascensión hasta la bocamina se realiza trepando, ya que dicha boca se encuentra a unos 20 metros de altura del pie del farallón, enclavada en el mismo centro de este macizo. Pudimos comprobar de primera mano la difícil tarea con la que se encontraron los mineros que se dedicaron a explotarla, su inaccesibilidad debió hacer de su trabajo una tarea dura y muy pesada, a la vez que arriesgada, ya que las paredes caen a pico. 
En la parte inferior se apreciaban restos de escombreras, donde las limonitas y los óxidos de hierro predominaban, junto a bloques calizos que habían desechado en su labor. Una vez en la bocamina, esta resultó ser una oquedad natural, la cual habían agrandado y excavado, extrayendo el mineral de hierro. Pronto descubrimos una buena geoda de calcitas, en el techo de una de las dos galerías, estas presentaban un habito monoclínico con interpenetración, de unos tamaños ciertamente agradecidos, entre los tres y los doce centímetros, piezas que a pesar de no ser de una transparencia y perfección considerables merecieron el esfuerzo de la dura escalada y su posterior y dificultosa extracción.
Poco más de interés mineralógico nos pudo ofrecer esta mina, algún ópalo menilita de entretenidas formas y una larga sucesión de materiales piriticos en descomposición, amén de una larga lista de osarios caprinos y arácnidos desusadamente grandes y peludos. Por supuesto que las vistas sobre el encinar de Sopeña y los pinares anexos, así como de la parte alta de este valle de Carranza resultaron tanto más satisfactorias como la visita a esta antigua explotación minera. No podemos obviar la visión de águilas, buitres, ciervos, zorros y un sinfín de pequeños mamíferos y batracios que pueblan todo el encinar, los cuales ajenos a nuestra presencia en las paredes del farallón nos ofrecieron un espectáculo natural ciertamente encantador.

