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domingo, 15 de febrero de 2009

Cantera de Ofitas. Salinas de Oro y Lorca. Navarra.

Una vez más actualizo El Mineral Digital con una de las salidas realizadas la pasada semana, en esta ocasión a la cantera de ofitas de Salinas de Oro, en territorio navarro. Eran las siete de la mañana del pasado domingo cuando me encontraba con Juanjo LG en su pueblo natal de Urretxu, Guipúzcoa, desde donde partimos hacia Navarra ascendiendo a través de diferentes puertos de montaña, el dia presagiaba agua, sin embargo la belleza de estos parajes agrestes no se veía disminuida por el mal tiempo. Las impresionantes vistas desde Azcarate y los diferentes bosques autóctonos animaban la mañana umbría. A eso de las nueve llegamos a Salinas de Oro, nos equivocamos al pensar que encontraríamos un lugar en el pueblo donde tomar un café que calentara nuestros cuerpos antes de la tarea que nos esperaba, compuestos y sin desayunar dirigimos nuestros pasos a la cantera, esta se halla situada en la ribera derecha del río salado, junto a las salinas que dan nombre a esta localidad, el oro no lo encontramos por ningún sitio, suponemos que en su dia la producción de sal fue tan fructífera que dio lugar a este sobrenombre.
Pronto comenzamos a explorar los derrumbes y escombreras, todos ellos situados por encima de la línea de escombros y vertidos que podéis contemplar en la fotografía, abundante basura que se vio incrementada a lo largo de la mañana por un lugareño y su carga de puertas y ventanas viejas, las cuales abandonó allí haciendo caso omiso tanto de los carteles prohibitorios como de nuestra presencia en el lugar. De lo que si hizo gala fue de una desfachatez tremenda al acercarse a Juanjo para preguntarle que era lo que estábamos buscando allí, con tanto mazo y puntero.
Volviendo a temas puramente mineralógicos, comenzaron a aparecer las primeras piezas, Actinolitas de un color verde manzana, las cuales abundaban tanto en la escombrera como en el derrumbe, también pequeñas Prehnitas blanquecinas y anaranjadas, poco a poco la mañana daba sus frutos.
Aparecieron los primeros cuarzos, primero en pequeñas capas de puntas mínimas con tonos verdosos, los cuales los ofrecían pequeñas epidotas verde claro (pistacitas) que se intercrecían con ellos, más tarde cuarzos centimetricos en matrices epidoticas verde oscuro.
La presencia de Bisolitas en una larga veta, fué quizás lo más agradecido de la mañana, dificultosa su extracción por estar en zona alta y con poco asiento para los pies, luchamos con la pared hasta ir extrayendo una a una las diferentes piezas que luego con el compañerismo que nos caracteriza alegremente repartimos. Algún pinchazo en las manos con estos delicados asbestos nos llevamos ya que al recogerlas los afilados filamentos de que están compuestas nos atravesaron los guantes, resultando ciertamente molestos a la hora de seguir trabajando, pero muy agradecidas de contemplar bajo las lupas.
Extrajimos también piezas combinadas de cuarzo, pistacita y prhenita, las cuales tras una breve limpieza muestran una estética digna de colocar en las vitrinas. Más complicadas de eliminar tanto el barro como los restos orgánicos han resultado ser las Bisolitas, demasiado frágiles para un cepillado e incluso para un aclarado en agua.
Con las mochilas bien cargadas y tras haber echado un último vistazo por los alrededores salimos de la cantera desfallecidos, en Estella repusimos fuerzas, saboreando un estupendo ágape en un restaurante céntrico, donde como no, llamábamos la atención por el barro de los pantalones y nuestro aspecto semisalvaje en una mañana de domingo como era.
Tras reponer fuerzas nos encaminamos a las canteras de Lorca, una población cercana, la cual en su dia fue también cantera de ofitas, allí los rellenos eran mucho más abundantes, habiendo cubierto completamente las mejores vetas y destrozado cualquier indicio de ellas, nada reseñable excepto una pequeñísima veta de Bisolitas sobre pistacitas que extrajimos tras mucho trabajo y esfuerzo. Desilusionados y con la tormenta encima decidimos marchar a buscar un keuper cercano donde afloraba el yeso, con la esperanza de recoger algún jacinto de Compostela (cuarzo rojo) que alegrara la tarde, ahí y a pesar de la incesante lluvia que se abatía sobre nosotros conseguimos recoger algunas piñas de estos cuarzos en tamaños pequeños pero muy vistosillos. En definitiva, una estupenda salida de la cual volvimos cansados pero muy satisfechos con lo obtenido, lastima que mi escaso talento fotográfico no destaque lo mejor de algunas piezas, las cuales al natural son mucho más bellas que lo que he podido representar. Como siempre agradecer a Juanjo su apoyo incondicional y su enorme calidad humana y a los navarros sus amables indicaciones de ruta.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Medio Ambiente asegura que el vertido de hormigón al Río Toxa, en Silleda, está controlado y no ha provocado mortandad. Pontevedra. Galicia

Cataratas del río Toxa.
La Consellería de Medio Ambiente confirmó hoy que el vertido de 5.000 litros de aditivos de hormigón procedente de los depósitos situados en las obras del AVE no ha provocado mortandad en la población del Río Toxa, en Silleda (Pontevedra). Parte del líquido llegó al cauce fluvial, que después desemboca en los ríos Deza y Ulla.
Medio Ambiente aseguró hoy que "la situación está controlada" y "no existe peligro" de que el fluido se extienda por el resto del cauce fluvial porque se trata de una sustancia que se "solidifica con facilidad".
El derrame se produjo en la zona de Campomarzo (Silleda) en la noche del viernes por causas que todavía se desconocen, aunque todo apunta a que "no fue un accidente", indicaron fuentes de la investigación.
Silleda. Pontevedra.

La empresa Canteras Industriales del Bierzo S.A. denunció ayer el "sabotaje" ante la Guardia Civil de Lalín y está convencida de que "fue provocado". Así, anunció que ya están tomando medidas junto con la empresa Ute do Carbo, encargada de las obras del AVE, para evitar incidentes similares en un futuro. Como medidas preventivas, la Consellería de Medio Ambiente interrumpió el suministro de agua en la zona de Merza, en el Río Ulla de Boqueixón, Paderne y Pontecesures. La traída de agua también fue cortada de manera inmediata y la empresa concesionaria del servicio de abastecimiento, Espina y Delfín, vació los depósitos y alertó a los casi cien usuarios de la traída.
Fuente: Europa Press
Fotografias:Yosu A.
Enviado: Ramón C.

lunes, 27 de octubre de 2008

Vertidos y rellenos en zonas mineras. El contencioso Vizcaya versus Cantabria

Minas de Mioño. Corta de Pocillo. Cantabria.

En los últimos tiempos, se vienen ofreciendo iniciativas y referencias, a los impedimentos puestos por los alcaldes vizcaínos, para que se rellenen sus cortas mineras con materiales de escombro y vertidos provenientes de su propia provincia. Se ha apelado a la protección de estas cortas como patrimonio histórico minero de Vizcaya, algo que resultaría de lo más adecuado para evitar estos rellenos, uno de los ejemplos más claros de esta defensa es la corta minera de Gallarta en el municipio de Abanto-Zierbena, donde se libra una batalla judicial para evitar los vertidos.
Complejo minero de Dícido. Cantabria.

Desde Cantabria y desde El Mineral Digital, comunidad vecina de Vizcaya, nos preguntamos donde estaban estos defensores del patrimonio minero cuando los vertidos de escombro y relleno, provenientes de la margen izquierda de la ría de Bilbao, se vertían incontroladamente en las minas de nuestra comunidad, más concretamente en las minas de Mioño y Saltacaballos. Han sido cientos de estos camiones procedentes de Vizcaya los que a diario han vertido sus cargas de varias toneladas en el paisaje cántabro, hasta que la concejalía de Medioambiente de nuestra región puso freno y cota a esta actividad. Ahora que no tienen donde verter su escombro pretenden hacerlo en su propia tierra, y es ahora cuando se alzan las voces que antes permanecían calladas ante el atropello que sufrían los paisajes mineros cántabros.
Antes y después de los vertidos vizcaínos en las minas de Mioño. Al fondo se aprecia el tunel del ferrocaril minero.
Un claro ejemplo de la política interesada y manipuladora de los vizcaínos: vertamos en otras comunidades sin freno ni protestas, pero eso de verter en Vizcaya, naranjas de la china. Ahora les ha tocado el turno y desde nuestra atalaya fronteriza en Castro Urdiales les deseamos la mejor de las suertes, tanto a estos pretendidos defensores del patrimonio histórico minero vizcaíno, como a los cientos de trabajadores del transporte (también vizcaínos) que dependen de estos vertidos. Que bien sientan las inyecciones en culo ajeno y que mal en el propio. La hipocresía y demagogia de la que han hecho gala hasta ahora se ha vuelto contra ellos, si por fin, rellenan Gallarta, no dudaremos en hacerles una visita y documentar este hecho luctuoso, como luctuosos e ilegales fueron sus vertidos en Cantabria.
Fotografías: Plataforma Otro Castro es posible.
Texto: picapiedra



lunes, 6 de octubre de 2008

Contaminación en el río Barcés. La Coruña

Central térmica de Meirama y Mina de Limeisa

El río del que bebe la comarca coruñesa mantiene su olor pestilente a lo largo de todo su curso, desde el Rego da Iña hasta el embalse de Cecebre. Sus afluentes recorren la mina de Meirama.

El olfato es el sentido más desarrollado entre los habitantes de la comarca desde que el 9 de septiembre el agua de la traída de Carral empezó a despedir un preocupante olor a humedad o agua estancada. Los técnicos de la Empresa Municipal Aguas de A Coruña (Emalcsa) y de Aguas de Galicia luchan sin gran éxito contra un fenómeno tan inquietante para los consumidores como incómodo para los responsables de velar por la calidad de un producto del que el Ayuntamiento y, sobre todo, el alcalde, Javier Losada, ha insistido en presumir. El también presidente del Consejo de Administración de Emalcsa ha convertido la empresa en el buque insignia empresarial de su mandato; una compañía municipal que gestiona no sólo la red de abastecimiento de media comarca sino también la Casa del Agua y que se hará cargo de la depuración de las aguas residuales del área metropolitana si prosperan las negociaciones que Losada mantiene con la Xunta y el Gobierno central.El mal olor y sabor en el agua de la traída llegó a A Coruña cuando los vecinos de Carral llevaban tres semanas padeciéndolo con discreción. Emalcsa niega que exista relación entre los olores de Carral y los que ya padecen muchos coruñeses y atribuye el mal de la ciudad al mantenimiento del embalse de Cecebre, pero lo cierto es que un recorrido por el cauce del río Barcés -el que da de beber a Carral y ayuda a llenar la presa- demuestra que la diferencia entre el inicio y el final de la red es simplemente una cuestión de intensidades: río arriba el olor no es distinto, es más fuerte.Una de las vertientes del Barcés nace dentro de los límites del concello de Ordes, cerca de Mesón do Vento, y discurre con un trazado confuso y casi caprichoso hasta el municipio de Cerceda. La otra vertiente -la que recibe los vertidos de Sogama- nace cerca de la presa do Outeiral, discurre alrededor de la antigua mina explotada por Lignitos de Meirama (Limeisa) y, a partir de la aldea de A Cabra, se une a la primera para avanzar unido hacia Carral y al embalse de Cecebre.A varios kilómetros del nacimiento original del Barcés arranca el Rego da Iña, en el que Sogama vierte, con todos los parabienes y permisos de la Xunta, sus aguas residuales. El regato cloaca de Sogama no tiene más de un metro de ancho de agua pestilente y turbia. El olor es perceptible desde varios metros de distancia y se extiende por todo el margen del regato. Sobre el lecho del cauce se acumulan residuos limosos, viscosos y partículas de textura similar a las algas de río, aunque de color blanco o marrón, que Sogama cree identificar como "polímeros inocuos". Juan Manuel Castro es el presidente de la asociación de vecinos A Outra Cerceda, que lucha desde hace décadas contra la contaminación de Limeisa.
Vista aerea de la mina Meirama

Castro no duda en hundir sus manos en el limo para levantarlo y dejar a la vista una capa negra, podrida. "Esto es lixiviado puro", opina.El dirigente vecinal es testigo de cómo el olor del Rego da Iña se traslada al resto de la red a través de los múltiples regatos y ríos que dan de beber al Barcés. El olor persiste en su avance y ni su paso por la central de Meirama -donde, según Fenosa, se acumula el caudal del Rego da Iña que la Xunta ha desviado a petición de Emalcsa- ni su tratamiento en la planta de Cañás, ni mucho menos el que se le da en la planta de A Telva sirven para erradicar una pestilencia cuyo origen nadie puede o quiere aclarar. El director de Emalcsa, Jaime Castiñeira, aseguró el martes que en la entrada a la planta de Cañás no olía "absolutamente nada". Pero se comprobó al día siguiente que el hedor persistía.A lo largo de todo su curso el río parece limpio y todavía en algunos puntos deja ver alguna que otra trucha. Los pescadores aseguran que el Barcés hace tiempo que dejó de ser el río que era y que los peces ni son tan numerosos ni tienen el color de antaño. Pero cualquiera con una formación media juzgaría a simple vista que el agua está limpia y que si los peces y los insectos beben de ella, no debe de ser tan mala. Sin embargo, quienes conocen más el Barcés son los más recelosos hacia las instituciones que velan por el cumplimiento de las normas medioambientales. Desconfían de las empresas que publicitan sus iniciativas descontaminantes y luego se cierran en banda en cuanto huele a problema. Y es que el mal olor ha sido la última incidencia y la más llamativa, pero ni de lejos la más grave que sufre el Barcés, que durante 34 años ha soportado estoicamente los embates de la industria pesada. Los vecinos de los valles de As Encrobas -que sufrieron un traumático desalojo previo a la explotación de la mina- y del Barcia han sido testigos del deterioro. Hasta el alcalde de Carral, José Luis Fernández Mouriño, sueña con recuperar la estampa del Barcia que guarda en su memoria de la niñez: un mar verde repleto de cerezos productivos regado por un río al que muchos vecinos de Mesón do Vento, Cerceda y Carral lanzaban sus cañas para intentar llevarse unas truchas a la mesa. El río estaba tan sano que A Coruña decidió a principios de 1900 servirse de él para reforzar su red de distribución de agua, hasta entonces únicamente abastecida por el río Mero. La planta de tratamiento de agua potable de Cañás empezó a funcionar el 1 de enero de 1908 y todavía hoy sigue en marcha, aunque sólo para dar servicio a los vecinos del municipio de Carral. Todo cambió a partir de 1974, cuando de un modo casual se descubrió que Meirama y As Encrobas escondían toneladas de lignito pardo bajo una potente capa de arcilla. Aquel fue el germen de Lignitos del Meirama (Limeisa), que en 1980 empezó a explotar la mina y un año después encendió su central térmica. Los primeros sondeos en busca del mineral marcaron el principio del fin de los valles regados por el ahora maltrecho Barcés y de alguna otra empresa, que murió víctima del progreso de Fenosa. Es el caso de la piscifactoría que hasta hace unos veinte años gestionaba Jesús Gende en Pontelago (Carral). En cuanto comenzaron las prospecciones, su empresa empezó a recibir los vertidos de la mina y uno de ellos acabó con las veinte toneladas de peces que intentaba criar.Jesús Gende recuerda con amargura el mal trago que tuvo que pasar y lo solo que estaba cuando intentaba conseguir que Fenosa compensara sus pérdidas. "El vertido mató mis truchas y todo lo que encontró después y en cuanto nos dimos cuenta llamamos a Aguas para avisar porque aquello podía ser una catástrofe para A Coruña, pero luego, cuando fui a pedirles que me apoyaran en mi reclamación, me dijeron que Fenosa era muy grande", recuerda Gende. Su batalla dio sus frutos muchos años después, tras varias actas notariales y protestas, cuando gracias a la intervención de un gobernador civil socialista, Limeisa se avino a pagar y Gende cerró la empresa para siempre: "Quedé muy quemado, esto es todo una mafia", asegura.Por si el río no tuviera suficiente con Limeisa y tras crear Sogama en 1992, la Xunta autorizó a la planta a verter sus aguas residuales en un regato que hoy vuelve a dar fragancia a Barcés

Noticia: A Coruña/Metro
Autor: Lui Costas
Fotografías: J.C.
Enviada: B.U.C.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Vertidos en las Minas de Mioño. Castro Urdiales.


Agentes del Seprona de la Guardia Civil han procedido a la realización de catas en los vertidos que se han venido realizando en las antiguas minas de Mioño, en concreto, en las instalaciones de la denominada Cota 100. Esta actuación ha sido encargada por la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria y ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Castro Urdiales, al que se le requirió que pusiera a disposición de los agentes los medios humanos y técnicos para realizar esas catas. La Fiscalía abrió en enero diligencias de investigación por presunto delito contra el medio ambiente o contra la ordenación del territorio sobre las actividades que se están realizando en las instalaciones mineras de la Cota 100 y que se incluyen dentro de un anteproyecto de restauración paisajística del entorno de las antiguas minas de Dícido, promovido por la Junta Vecinal. Recordemos que la asociación ciudadana 'Otro Castro es Posible' denunció en su día estas actuaciones «que se acometían con la denominación de recuperación paisajística» y que, según ellos, «encubrían un vertido de decenas de camiones diarios sobre las proximidades de esas instalaciones mineras». Posteriormente, este colectivo presentó otro escrito ante la Fiscalía pidiendo que se tomaran las «medidas necesarias» ante informaciones que señalaban «posibles vertidos de residuos procedentes de zonas contaminadas de Vizcaya».Por el contrario, el pedáneo de la Junta Vecinal de Mioño, Víctor Echevarría, ha mantenido siempre que este anteproyecto se «ha llevado a cabo teniendo en cuenta todas las medidas correctoras». Según este portavoz vecinal, el objetivo «es la restauración del monte Dícido a su estado original, para disfrute de todos los mioñeses y vecinos de Castro Urdiales». En la actualidad, las obras están paralizadas.
Noticia del Diario Montañés
Autor: Mario Cerro.
 
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