
Una vez más actualizo El Mineral Digital con una de las salidas realizadas la pasada semana, en esta ocasión a la cantera de ofitas de Salinas de Oro, en territorio navarro. Eran las siete de la mañana del pasado domingo cuando me encontraba con Juanjo LG en su pueblo natal de Urretxu, Guipúzcoa, desde donde partimos hacia Navarra ascendiendo a través de diferentes puertos de montaña, el dia presagiaba agua, sin embargo la belleza de estos parajes agrestes no se veía disminuida por el mal tiempo. Las impresionantes vistas desde Azcarate y los diferentes bosques autóctonos animaban la mañana umbría. A eso de las nueve llegamos a Salinas de Oro, nos equivocamos al pensar que encontraríamos un lugar en el pueblo donde tomar un café que calentara nuestros cuerpos antes de la tarea que nos esperaba, compuestos y sin desayunar dirigimos nuestros pasos a la cantera, esta se halla situada en la ribera derecha del río salado, junto a las salinas que dan nombre a esta localidad, el oro no lo encontramos por ningún sitio, suponemos que en su dia la producción de sal fue tan fructífera que dio lugar a este sobrenombre.


Pronto comenzamos a explorar los derrumbes y escombreras, todos ellos situados por encima de la línea de escombros y vertidos que podéis contemplar en la fotografía, abundante basura que se vio incrementada a lo largo de la mañana por un lugareño y su carga de puertas y ventanas viejas, las cuales abandonó allí haciendo caso omiso tanto de los carteles prohibitorios como de nuestra presencia en el lugar. De lo que si hizo gala fue de una desfachatez tremenda al acercarse a Juanjo para preguntarle que era lo que estábamos buscando allí, con tanto mazo y puntero.
Volviendo a temas puramente mineralógicos, comenzaron a aparecer las primeras piezas, Actinolitas de un color verde manzana, las cuales abundaban tanto en la escombrera como en el derrumbe, también pequeñas Prehnitas blanquecinas y anaranjadas, poco a poco la mañana daba sus frutos.

Aparecieron los primeros cuarzos, primero en pequeñas capas de puntas mínimas con tonos verdosos, los cuales los ofrecían pequeñas epidotas verde claro (pistacitas) que se intercrecían con ellos, más tarde cuarzos centimetricos en matrices epidoticas verde oscuro.

La presencia de Bisolitas en una larga veta, fué quizás lo más agradecido de la mañana, dificultosa su extracción por estar en zona alta y con poco asiento para los pies, luchamos con la pared hasta ir extrayendo una a una las diferentes piezas que luego con el compañerismo que nos caracteriza alegremente repartimos. Algún pinchazo en las manos con estos delicados asbestos nos llevamos ya que al recogerlas los afilados filamentos de que están compuestas nos atravesaron los guantes, resultando ciertamente molestos a la hora de seguir trabajando, pero muy agradecidas de contemplar bajo las lupas.

Extrajimos también piezas combinadas de cuarzo, pistacita y prhenita, las cuales tras una breve limpieza muestran una estética digna de colocar en las vitrinas. Más complicadas de eliminar tanto el barro como los restos orgánicos han resultado ser las Bisolitas, demasiado frágiles para un cepillado e incluso para un aclarado en agua.

Con las mochilas bien cargadas y tras haber echado un último vistazo por los alrededores salimos de la cantera desfallecidos, en Estella repusimos fuerzas, saboreando un estupendo ágape en un restaurante céntrico, donde como no, llamábamos la atención por el barro de los pantalones y nuestro aspecto semisalvaje en una mañana de domingo como era.
Tras reponer fuerzas nos encaminamos a las canteras de Lorca, una población cercana, la cual en su dia fue también cantera de ofitas, allí los rellenos eran mucho más abundantes, habiendo cubierto completamente las mejores vetas y destrozado cualquier indicio de ellas, nada reseñable excepto una pequeñísima veta de Bisolitas sobre pistacitas que extrajimos tras mucho trabajo y esfuerzo.



Desilusionados y con la tormenta encima decidimos marchar a buscar un keuper cercano donde afloraba el yeso, con la esperanza de recoger algún jacinto de Compostela (cuarzo rojo) que alegrara la tarde, ahí y a pesar de la incesante lluvia que se abatía sobre nosotros conseguimos recoger algunas piñas de estos cuarzos en tamaños pequeños pero muy vistosillos.

En definitiva, una estupenda salida de la cual volvimos cansados pero muy satisfechos con lo obtenido, lastima que mi escaso talento fotográfico no destaque lo mejor de algunas piezas, las cuales al natural son mucho más bellas que lo que he podido representar. Como siempre agradecer a Juanjo su apoyo incondicional y su enorme calidad humana y a los navarros sus amables indicaciones de ruta.